Ainkawa 2, en Erbil, es el campo de refugiados donde viven muchos de los cristianos que en agosto de 2014 huyeron de sus ciudades en Irak ante el avance del Estado Islámico.
En ese espacio viven cerca de cinco mil personas. Entre ellas se encuentra Amoyassan, quien, por primera vez después de más de dos años, ha encontrado el valor para volver a poner los pies en su antigua casa de Qaraqosh, completamente destruida por los yihadistas.
El campo de Ainkawa 2 toma su nombre del homónimo barrio de Erbil, capital del Kurdistán iraquí, habitado casi en su totalidad por cristianos.
La Federación de Organismos Cristianos Servicio Internacional Voluntario trabaja en el campo FOCSIV junto con otras organizaciones no gubernamentales internacionales.
Abdul Jabbar Mustafa Baghawan es el responsable: “Al campo también se le llama ´Mil Habitáculos´ precisamente porque se instalaron mil habitáculos. En cada habitáculo vive una familia, con un promedio de cinco personas”.
En Ainkawa 2 se llevan a cabo desde cursos de costura hasta clases de peluquería. La educación va desde el preescolar hasta la escuela secundaria, y también se ofrecen actividades deportivas como el fútbol y artes marciales.
Abdul Jabbar, quien se presta como guía de campo, nos lleva a la guardería, donde unos 30 niños están siguiendo una lección de inglés. Es aquí donde conocemos a Amoyassan, de 24 años, una de las maestras.
Es originaria de Qaraqosh, la principal ciudad cristiana iraquí, que fue liberada a finales de octubre pasado tras la intervención conjunta de las fuerzas militares iraquíes y kurdas.
Como la gran mayoría de los habitantes de Ainkawa 2, Amoyassan no ha vuelto a su casa desde agosto de 2014, cuando los milicianos bajo el mando de Abu Bakr al-Baghdadi entraron en Qaraqosh. Ella y sus colegas nos muestran en el móvil videos de sus casas incendiadas.
Antes de la llegada del Estado Islámico, Qaraqosh, en el centro de la llanura de Nínive, a unos 30 kilómetros de Mosul, tenía unos 60 mil habitantes. Actualmente ahí no vive nadie. Los yihadistas golpearon profundamente el corazón de esta ciudad destruyendo sus símbolos.
Solo con la escolta del ejército se pueden superar los controles que se encuentran por la ciudad.
El recorrido por los recuerdos ultrajados de Amoyassan comienza en la Catedral de la Inmaculada Concepción, la iglesia más grande de todo Irak. Amoyassan, perpleja al ver que la iglesia está hecha ruinas, con estatuas rotas de la Virgen y el Cristo y las paredes quemadas, alterna lágrimas con risa nerviosa.
En vano, su marido, Yusuf, intenta animarla. Después llega el turno del restaurante donde el joven matrimonio solía ir el sábado por la noche con sus dos hijos, y luego la principal calle comercial. Solo quedan los escombros.
Por último, llegamos a su casa. Hay mucha emoción contenida.
Se pregunta: “¿Qué me espero encontrar? Solo escombros y cenizas, esos demonios no pueden haber dejado nada más”. Cuesta avanzar. Los milicianos saqueadores y las posteriores batallas por la liberación de Qaraqosh confirman el pronóstico de la joven mujer.
Sin embargo, Amoyassan no pierde el ánimo y muestra su hermosa sonrisa cada vez que encuentra un objeto que pertenecía a lo que ella llama su “vida precedente”, y deja a un lado el rencor hacia los que se la han robado.
Topa con una de las muñecas favoritas de su hija, y luego con fotografías de los familiares. Inevitablemente, las lágrimas vuelven a sus ojos.
”Ver nuestra casa y nuestra ciudad en estas condiciones es un golpe al corazón. Ahora los de Daesh (acrónimo árabe para Estado Islámico) están muy lejos, escondidos en Mosul, y dentro de poco tiempo, si Dios quiere, serán expulsados también de allí. Pero ¿cómo puedo imaginar volver a vivir aquí?”, concluyó.












