A cinco años de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el SARS-CoV-2 como una pandemia, tanto esta institución como el Centro Europeo para la Prevención de Enfermedades Infecciosas (ECDC, por sus siglas en inglés), advierten que no es momento para complacencias, y que la del covid-19 no es la última que vivirá la humanidad.
Los científicos de la Columbia University’s Mailman School of Public Health calcularon hace poco más de una década, que al menos 320 mil virus circulaban en los cinco mil 486 mamíferos conocidos. Si bien la gran mayoría de los virus que circulan entre animales se transfieren solo entre ellos, algunos patógenos han mostrado capacidad de traspasar la barrera animal infectando a los humanos. Entre los agentes que han logrado pasar a los seres humanos por zoonosis (transmisión natural desde otras especies vertebradas), está el VIH, el virus del Nilo Occidental, el ébola y el SARS.
La pandemia de covid-19 puso crudamente de manifiesto el riesgo de la aparición de un virus desconocido en una comunidad internacional que no está preparada para combatirlo. Según el Banco Mundial, entre 2020 y 2023, el coronavirus ha provocado más de siete millones de muertes confirmadas (aunque el número real se estima en 28 millones), aumentó en 70 millones de personas la población que vive en pobreza extrema y provocó más de 10 billones de dólares en pérdidas económicas.
Fin de la emergencia sanitaria
La conmoción global no terminó con la declaración del fin de la emergencia emitida el 5 de mayo de 2023, a cargo del director general de la OMS, Tedros Adhanom; sus efectos se sienten hasta nuestros días. La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo afirma que el estrés laboral aumentó 44 % durante el confinamiento; la depresión y la ansiedad en 26.8 %. Los factores de riesgo sicosocial y la mala salud mental siguen siendo un problema importante en los lugares de trabajo.
La pandemia acentuó desafíos sociales. Por ejemplo, en Estados Unidos, que vivía una polarización creciente desde el primer mandato presidencial de Donald Trump en 2016, casi tres cuartas partes de los adultos, 72 %, afirma hoy que la pandemia contribuyó a separar al país en lugar de unirlo, de acuerdo con un estudio del Pew Research Center.
A pesar de que las cicatrices heredadas en la salud y el bienestar, y los llamados reiterados a seguir desarrollando capacidades, instrumentos y mecanismos para la prevención, la vigilancia y la detección de riesgos, la comunidad no está haciendo lo suficiente para evitar otro “Chernobyl sanitario”.
Menor inversión en materia de salud
El impuls o político al más alto nivel generado por la tragedia sanitaria ha ido decayendo y la atención de los países se ha ido desviando a cuestiones más urgentes desde una perspectiva política. Esto se ha reflejado en menos inversión en capacidades de preparación y respuesta, así como en financiamiento a las fuentes de acción colectivas.
“Siguen existiendo demasiadas brechas y vulnerabilidades peligrosas, los patógenos tienen una amplia oportunidad de desbordarse, escabullirse y propagarse rápidamente”, en un mundo interconectado en el que 100 mil vuelos comerciales aterrizan cada día, advierte el Grupo Independiente de Preparación y Respuesta ante Pandemias (IPPR), que inició su labor en septiembre de 2020.
Para estar a la altura del reto, se requieren entre 10 mil millones y 15 mil millones de dólares (mdd) adicionales para colmar las lagunas en la preparación en países de ingresos bajos y medios, con probabilidades de ser la fuente inicial de un eventual brote.
Adicionalmente, se requiere inyectar entre 10 mil 300 y 11 mil 500 mdd anuales en fondos a la salud humana, animal y medioambiental, el denominado enfoque Una Salud, para elevar los estándares veterinarios públicos, mejorar la bioseguridad agrícola y reducir la deforestación en países de alto riesgo.
Mejor organización
Igualmente, se necesita una OMS fuerte, independiente y apoyada por una comunidad de naciones con visión colectiva, metas aún más distantes con el retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, que apenas asumió el cargo emitió una orden ejecutiva para retirar al país norteamericano de la OMS.
Helen Clark y Ellen Johnson Sirleaf, copresidentas del IPPR, ven en la decisión de Washington un grave error, que tiene como consecuencia una mayor exposición a riesgo de brotes, muertes y pérdidas económicas, tanto adentro de la Unión Americana como afuera.
Según el panel científico independiente, la comunidad de naciones no está en condición de tomar riesgos. “La gente está agotada por el covid-19 y las finanzas nacionales están al límite: el mundo no puede permitirse otra pandemia. De hecho, la próxima amenaza puede traer algo mucho peor”, alertó.












