Desde hace algunos días se ha estado discutiendo en las redes sociales sobre una sentencia que fue dictada por un juez federal en el estado de Puebla en la que se concluía que la prohibición para que una persona pueda unirse en matrimonio con dos o más individuos era inconstitucional, pues suponía una discriminación por preferencia sexual. De esa forma, se afirmó en la sentencia en cuestión, se restringen indebidamente los derechos humanos de quienes buscan sostener relaciones afectivo-sexuales de carácter permanente con varias personas, de forma consciente y consensual: es decir, relaciones poliamorosas, como se les suele llamar.
La sentencia del juzgado de Distrito de Puebla fue materia de una solicitud de ejercicio de la facultad de atracción para que la Suprema Corte pudiera eventualmente pronunciarse sobre el tema, pero los integrantes de la Primera Sala decidieron que había temas de índole procesal que tenían que ser estudiados antes de poder analizar el fondo del problema y decidieron devolverlo a las instancias inferiores.
El mismo tema llegó también al conocimiento de un Tribunal Colegiado de Circuito con sede en la Ciudad de México, el cual por mayoría de votos concluyó que las relaciones poliamorosas no tienen fundamento constitucional.
Con independencia del criterio que finalmente prevalezca, debe subrayarse que el debate se inserta en una tendencia muy firme de los tribunales mexicanos para ir dando protección jurídica a las distintas formas de expresiones afectivas de las personas adultas.
Lo anterior significa que los modelos de relaciones familiares han venido evolucionando, puesto que todos los casos que se han resuelto judicialmente han surgido de forma previa como consecuencia de problemas sociales realmente existentes. Ninguno de esos criterios ha sido inventado por la imaginación de nuestros jueces. De hecho, la realidad ha ido más veloz que los cambios jurídicos en el país.
La discusión sobre el reconocimiento jurídico y las consecuencias de las relaciones poliamorosas apenas inicia. Habrá quienes las consideren inmorales y habrá quienes las defiendan como expresión de la autonomía personal. Ojalá pronto la Suprema Corte tenga la oportunidad de analizarlo; la decisión que tomen sus integrantes sin duda será de mucho aprendizaje para el presente y el futuro.












