Un terremoto de magnitud 7.4 suele asociarse con imágenes de edificios colapsados y severos daños. Sin embargo, el sismo registrado frente a las costas de Chiapas sorprendió por un escenario distinto: aunque fue percibido con fuerza en buena parte del sur del país, sus efectos fueron menores de forma considerable a los que históricamente han provocado movimientos de esa magnitud.
Para Jocelyn Vargas, CEO de VASE Sísmica y SeismicAI México, ingeniera industrial y especialista en sismología, la explicación está lejos de reducirse a un solo factor.
“La magnitud es únicamente una de las variables que determinan el impacto de un sismo. La distancia al epicentro, la profundidad, el tipo de suelo, la geología de la región y, sobre todo, la calidad de las construcciones son elementos que trabajan en conjunto”, explicó en entrevista.
La especialista señala que el epicentro, localizado a aproximados 135 kilómetros al suroeste de Ciudad Hidalgo, en el océano Pacífico, permitió que una parte importante de la energía sísmica se disipara antes de alcanzar las principales zonas urbanas de Chiapas.
El suelo también decide cómo se siente un terremoto
Uno de los conceptos más importantes para entender por qué dos personas pueden experimentar un mismo sismo de manera distinta por completo es el llamado efecto de sitio.
Vargas explica que el terreno modifica el comportamiento de las ondas sísmicas y puede amplificarlas o atenuarlas dependiendo de sus características geológicas.
“Cada territorio tiene su particularidad; incluso cada terreno puede presentar diferencias importantes respecto al de unos cuantos metros de distancia. Por eso un sismo puede sentirse con distinta intensidad dentro de una misma ciudad”.
La experta subraya que este fenómeno hace indispensable realizar estudios geológicos, geofísicos y de mecánica de suelos antes de cualquier proyecto de construcción.
No todas las viviendas responden igual
La diferencia entre una vivienda diseñada bajo normas estructurales modernas y otra construida de manera artesanal puede representar la diferencia entre sufrir daños menores o un colapso.
De acuerdo con Vargas, las estructuras de concreto reforzado y acero ofrecen, en términos generales, un desempeño muy superior frente a edificaciones de adobe o mampostería tradicional.
La especialista aclaró que no puede afirmar de forma categórica que Chiapas haya fortalecido sus reglamentos de construcción sin revisar a profundidad la normativa estatal; sin embargo, considera razonable inferir que la ingeniería sísmica en México ha avanzado de manera significativa durante las últimas décadas.
“Los resultados observados permiten pensar que existen mejoras importantes respecto a eventos anteriores, aunque cada estado aplica reglamentos propios y estos deben analizarse caso por caso”.
La magnitud no cuenta toda la historia
Uno de los errores más comunes, explica la geofísica, es asumir que dos terremotos con la misma magnitud producirán consecuencias similares.
Como ejemplo menciona que el sismo ocurrido en Chiapas comparte una magnitud comparable con otro registrado de manera reciente en Venezuela, pero ambos tuvieron efectos muy distintos.
La verdadera lección
Aunque el saldo del movimiento telúrico fue mucho menor al esperado, Vargas advierte que sería un error interpretar este resultado como una garantía para futuros eventos.
Por ello insiste en fortalecer la cultura de la prevención mediante mejores normas de construcción, monitoreo permanente y el uso de tecnología para evaluar riesgos antes de que ocurra una emergencia.
“Tenemos que reforzar la cultura de la prevención, fortalecer las normas de construcción y mejorar el monitoreo para contar con datos que nos permitan tomar decisiones que salven vidas”.
Desde VASE Sísmica y SeismicAI México, concluye, el objetivo es desarrollar herramientas tecnológicas que permitan comprender mejor el comportamiento del suelo y construir ciudades más resilientes frente a uno de los fenómenos naturales más complejos e impredecibles: los terremotos.












