Se está al final de una era de abundancia. La generación que hoy llega al mercado laboral es la más numerosa y preparada de la historia; las que vengan serán más pequeñas.
Si un recurso estratégico comenzara a escasear, sería noticia de primera plana. Eso ocurre con el talento joven. Por eso, algunas empresas asumen la tarea de articular este esfuerzo.
El reto es enorme. Según la OIT, en 2025 había 67 millones de jóvenes de 15 a 24 años desempleados en el mundo y 257 millones fuera del empleo, la educación y la formación: uno de cada cinco. Más de dos terceras partes eran mujeres.
En México, según el Inegi, la desocupación de jóvenes de 15 a 29 años fue de 4.8 % en el primer trimestre de 2025, casi el doble de la tasa general.
Pero el mayor desafío está entre quienes sí trabajan: 58.8 % lo hacía en la informalidad. Para muchos, esperar un empleo mejor es un costo que no pueden asumir.
Al mismo tiempo, 70 % de los empleadores encuestados por Manpower Group reportó dificultades para encontrar el talento que necesitaba.
Ahí está la paradoja. No falta talento: faltan puentes. Las escuelas miden egresados; las empresas, vacantes cubiertas; las organizaciones sociales, jóvenes capacitados.
Todos pueden cumplir sus metas sin que el joven consiga un empleo formal y construya una trayectoria. Se necesita una misma medida de éxito: acceso, permanencia y desarrollo en empleos dignos.
Algunos articuladores como en Fundemex, la fundación del Empresariado en México, unen la experiencia de la Red de Empresas por la Empleabilidad Juvenil (REEJ) y de las organizaciones que conocen las barreras de los jóvenes con las necesidades de las empresas y la capacidad de convocatoria del Consejo Coordinador Empresarial, escuchando también a las propias juventudes.
La ruta exige tres compromisos. Primero, acercar la formación a las necesidades productivas, con formación dual y habilidades técnicas y socioemocionales.
Segundo, cambiar prácticas empresariales: abrir primeros empleos, revisar requisitos de experiencia y acompañar la permanencia, atendiendo barreras de transporte y cuidados que afectan sobre todo a las mujeres jóvenes.
Tercero, financiar la colaboración y medir resultados comunes, como la permanencia a tres, seis y doce meses.
Las cámaras empresariales pueden convocar soluciones por sector y territorio; la filantropía, financiar los puentes que las sostienen.
Detrás de cada joven hay una familia que invirtió tiempo, recursos y esperanza en su educación. Esa inversión merece oportunidades reales. La ventana demográfica se está cerrando y la decisión de actuar nos corresponde hoy.












