Igual que en gran parte de África, en Sudán del Sur la discapacidad también se considera un tabú. Si un niño con discapacidad nace en un pueblo, es muy probable que lo abandonen en el bosque o, a lo sumo, que viva marginado por la comunidad.
En los últimos años, a la par del ligero aumento de la tasa de alfabetización, la percepción de la discapacidad vira hacia una mayor tolerancia. Y esto se debe también a la gran labor del Centro Usratuna, ubicado en la capital, Juba. Se trata del único centro de rehabilitación para niños con discapacidad en todo el país.
En Sudán del Sur, el Estado más joven del mundo, hay en curso desde 2013 una guerra civil que con el tiempo se tiñe cada vez más de conflicto étnico. Más de cinco millones de personas, casi la mitad de la población, corre el riesgo de morir de hambre.
Entre los desplazados internos y los refugiados en países vecinos se ha superado la cuota de los 3,5 millones de personas; además, ha habido más de 100 mil muertos. En un contexto como este, en el que se ha desatado una hambruna feroz, es fácil imaginar que las personas con discapacidad no entran ni remotamente en el radar del gobierno.
Y como suele ocurrir en este país destrozado de África centro-oriental, quienes se ocupan de las responsabilidades del gobierno en el campo del asistencialismo son las iglesias y las organizaciones no gubernamentales vinculadas a ellas.
Voluntarios
La ONG italiana OVCI (Organización Voluntaria para la Cooperación Internacional), cercana a la iglesia Católica, está presente en Sudán del Sur desde 1983.
Es gracias a OVCI que en Juba existe y funciona con regularidad desde hace décadas el único centro de rehabilitación para niños con discapacidad a nivel nacional. Desde la apertura del centro Usratuna (que en árabe significa “nuestra familia”), en 1984, se han beneficiado de sus servicios más de 500 mil personas.
“Con una población con discapacidad de alrededor de 1,5 millones de personas -explicó Manuela Vittor, representante de OVCI en el país, Usratuna es el único centro polivalente de rehabilitación para la edad evolutiva, niños y adolescentes, en todo Sudán del Sur”.
“Trabajamos en una etapa que va de los cero hasta los 18 años. Tratamos principalmente parálisis cerebral, con afectación en el cuerpo entero o solo una parte. Registramos muchos casos, causados por la malaria cerebral, que aquí está aún muy extendida”, concluyó la directora Manuela Vittor.












