Septiembre se consolida a nivel internacional como el periodo dedicado a la concientización de la salud mental, teniendo su punto culminante cada 10 de septiembre con el Día Mundial de la Prevención del Suicidio.
Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), las muertes por lesiones autoinfligidas representan un problema de salud pública prioritario que afecta en gran medida a niñas, niños y adolescentes.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que la detección temprana y la intervención oportuna reducen significativamente el riesgo de desenlaces fatales.
En este contexto, el psicólogo especializado en salud mental y prevención del suicidio, Axel Isaac Zepeda Bello, destacó la relevancia de mantener una observación estrecha en el entorno familiar y comunitario.
Con base en las recomendaciones sobre la materia emitidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen patrones conductuales a los que se debe prestar atención:
- Expresiones de desesperanza: Manifestaciones directas o indirectas referentes al deseo de desaparecer, no tener salida o sentirse una carga insoportable para el entorno.
- Aislamiento y cambios drásticos: Retiro repentino de las interacciones sociales habituales, abandono de pasatiempos y regalar objetos personales con significado afectivo.
- Agotamiento emocional: Alteraciones severas en los patrones de sueño y alimentación, frecuentemente acompañadas por episodios de ansiedad o depresión no tratadas.
El abordaje frente a un individuo que atraviesa por pensamientos autodestructivos debe estructurarse desde la escucha activa y la falta de juzgamiento. Según precisiones brindadas por el psicólogo Zepeda, consultar a una persona directamente si ha contemplado hacerse daño no incrementa el riesgo, sino que genera una oportunidad para la catarsis y la búsqueda de atención especializada. El experto sugiere realizar preguntas claras sobre cómo se siente el individuo, evitando descalificar su malestar emocional.











