En Ucrania lo más simple es culpar al enemigo

Los milicianos se han instalado donde antes había una cafetería.NTX
Los milicianos se han instalado donde antes había una cafetería.NTX

En Kiev, la capital de Ucrania, los diputados han aprobado en primera lectura una reforma constitucional que da más autonomía a los territorios orientales de habla rusa que están en manos de los rebeldes, y en los suburbios de Donetsk se empieza a respirar aire nuevo.

Aunque la noticia del nuevo decreto está creando muchos descontentos entre nacionalistas ucranianos y algunos frentes extremistas rebeldes, en Petrovskiy, el barrio más devastado de Donetsk, algunos esbozan una tímida e ilusionada sonrisa. Y los que encabezan esta ola de esperanza son principalmente los civiles.

Por ahora sigue el acuerdo entre las autoridades ucranianas y los separatistas de la región de Donbass, donde se encuentra Donetsk, para mantener una tregua desde la medianoche del 1 de septiembre.

El lunes empezó oficialmente el nuevo año escolar, y las dos partes se han puesto de acuerdo para no poner en peligro la vida de los alumnos.

A los habitantes del barrio de Petrovskiy, en la periferia oeste de Donetsk, les parece increíble haber dejado de notar las bombas pasando sobre sus cabezas. Nadie se atreve a exteriorizar demasiado entusiasmo, pero la falta de explosiones repentinas, también en medio de la noche, promete algo bueno.

“El camino hacia la normalidad sigue siendo largo y cuesta arriba, pero por algún sitio hay que empezar”, afirman casi al unísono los ancianos sentados en un banco en el patio de un edificio que milagrosamente sigue en pie.

“Bastaría un poco de viento para derribarlo, imagínate si se reanudasen los combates...”, añadió en tono de broma el mayor de los dos.

Los niños juegan en un jardín cercano. Un hombre pasea un perro atado con correa. Hay dos coches quemados que no quita nadie. Las ventanas con vidrios rotos están tapadas con celofán. Todavía hay abierta una brecha entre el segundo y el tercer piso.

“Hasta hace unos días oíamos a los tanques continuamente. Ahora se han suspendido los combates, pero ¿por cuánto tiempo?”, se preguntó.

“En esa maltrecha casa vive mi hija. Hay niños, no hay armas, no hay nada de eso. Entonces, ¿por qué hasta ahora hemos sido los objetivos?”, se pregunta Emma, una mujer de mediana edad que trabajaba en una pequeña fábrica textil que ahora se ha visto reducida a un montón de escombros.

Petrovkiy está bajo el control directo del famoso y potente batallón Vostok. Los milicianos se han instalado donde antes había una cafetería, justo en frente de un supermercado del que ha quedado solo el cartel.

Aquí la artillería ha golpeado mucho. Cerca de allí hay un edificio de seis pisos: la mitad está quemado y la otra mitad todavía está habitado.

Uno de los milicianos tiene una barba caucásica muy en boga entre los separatistas y habla poco.

Cuando se le pregunta acerca de las conversaciones de paz, mueve en el aire el Kalashnikov que lleva colgado: “Así es como contesto a los políticos ucranianos que hablan de paz. Aquí habrá paz sólo cuando se vayan de nuestras fronteras y nos dejen en paz. Nosotros también estamos hartos de estar acampados aquí”.

Un compañero suyo de armas lo interrumpe y se burla de él: “No todos somos como él, se hace el duro pero también está deseando que todo esto termine. Nuestros representantes en las conversaciones de paz están haciendo cosas buenas. Nuestro sueño sigue siendo la anexión a Rusia: hablamos ruso, pensamos en ruso”.

“En fin, somos rusos a todos los efectos. Alguna forma de autonomía ya es un buen resultado, pero estoy seguro de que no nos vamos a detener aquí”, añadió.