Ensimismados

Hay diferentes tipos de muros. Uno es el que pretende levantar Trump a lo largo de toda la frontera con México. Como lo hizo China 200 años a.C. o los señores feudales en la Edad Media. Otro es el que ha instalado nuestro gobierno con el despliegue de la Guardia Nacional para frenar la migración centroamericana hacia Estados Unidos. También son muros aquellos que rodean a los condominios de lujo en las zonas urbanas más pretenciosas. O los centros comerciales que, como decía Jesús Martin Barbero, son las nuevas ciudades amuralladas donde se refugia la gente de la inseguridad de la calle. Pero también hay muros intangibles, como los que nos tienen ensimismados en México. 

En la conversación social, en las redes digitales, en los medios de comunicación, en los memes y los mensajes, el universo parece comenzar en el Río Bravo y terminar en el Suchiate. Empezamos el día con la conferencia mañanera en Palacio Nacional y lo cerramos con los noticieros que reproducen lo más destacado del discurso presidencial, las reacciones a sus palabras, la opinión sobre el sujeto señalado del día ya sea un exfuncionario, un medio periodístico, o el “adversario” en turno. El Presidente define los temas desde temprano, siempre hacia dentro, sobre nosotros. Para qué necesitan viajar servidores públicos, investigadores, científicos, o artistas… si hay Internet. López Obrador lo advirtió desde noviembre de 2018: “(…) hay unos que estudian hasta en universidades del extranjero, son hasta doctores, y van allá a aprender malas mañas”. Él mismo sigue recorriendo nuestro país de arriba abajo; inexistentes los viajes fuera de México en su agenda o la asistencia a cumbres internacionales.

La semana pasada, Paco Ignacio Taibo II anunció, en una entrevista con Yanet Aguilar, que este año el Fondo de Cultura Económica no participará en la Feria Internacional del Libro de Fráncfort debido a la política de austeridad de la 4T y a que “tenemos poco que ofrecer” en materia de compra y venta de derechos autorales, que es a lo que se dedica la feria más importante del mundo. Marifé Boix García, vicepresidenta de la feria de Fráncfort, comentó meses antes con El País (15/II/19) que siempre le ha parecido extraño que una editorial del Estado compita con las privadas y que sería mejor concentrarse en “fomentar la industria, la lectura y las ventas”. Pero también destacó «el potencial enorme (del FCE) por el hecho de estar presente en todos los países latinoamericanos, incluso en España”. 

Al mismo tiempo, sigue la incertidumbre con respecto a la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ), que este año llevará a cabo su 39 edición. Finalmente se informó que la feria contará con la mitad del presupuesto del año anterior (pasó de 28 millones a 14mdp), que tendrá sede en el Centro Nacional de las Artes de la CDMX y en Mérida y que si bien el país invitado es Corea del Sur aún se desconoce el nombre de los cinco autores coreanos que vendrán. Lo cierto es que el tema internacional no ha sido prioritario. Una comisión interdisciplinaria que representa a 160 profesionales relacionados a los libros para niños y jóvenes entregó este lunes una carta a la SEP en donde solicita un encuentro con el titular Esteban Moctezuma o el subsecretario Javier Treviño. Es una iniciativa ciudadana que ofrece argumentos y también su apoyo para que la FILIJ se realice dignamente.

Se trata de los niños y los jóvenes. Como escribió Stefan Zweig en El mundo de ayer “(…) el impulso espiritual, la capacidad de captar del espíritu, tan solo se adquiere en los decisivos años de formación y sólo aquel que ha aprendido a expandir su alma a los cuatro vientos a tiempo, es capaz más tarde de abarcar el mundo entero”. Y hay que tomarlo en cuenta, si es que deseamos una generación educada en el asombro, abierta a la otredad y a la diferencia, más curiosa y solidaria que racista, más generosa que intolerante, para no seguir tan ensimismados levantando muros internos y externos a nuestro alrededor.