Con cubetas, escobas, flores de cempasúchil, veladoras y hasta los alimentos favoritos de quienes ya partieron, miles de familias capitalinas acudieron el Día de Muertos a los panteones de la Ciudad de México, donde la tristeza por la ausencia convive con la alegría de recordar.
Desde las primeras horas de la mañana del lunes, cementerios como San Lorenzo Tezonco, en Iztapalapa; San Isidro, en Azcapotzalco; y el Civil de Dolores, recibieron a visitantes que llegaron para limpiar tumbas, cambiar arreglos florales, rezar o simplemente pasar un rato cerca de sus seres queridos.
De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), entre el 30 de octubre y el 2 de noviembre se esperaba la asistencia de un millón 500 mil personas a los 120 panteones distribuidos en las 16 alcaldías.
Más de 50 mil visitantes en Iztapalapa
Las primeras cifras reflejan la magnitud de esta tradición. En Iztapalapa, las autoridades reportaron más de 50 mil visitantes en sus diez cementerios durante el inicio de las celebraciones, mientras que en el panteón Xoco de la alcaldía Benito Juárez, se informó de una afluencia superior a 80 mil personas durante las actividades conmemorativas.
En muchos casos, la visita se convierte en una reunión familiar. Hay quienes llevan flores, quienes colocan fotografías y quienes permanecen frente a una lápida compartiendo recuerdos. Padres y abuelos aprovechan también para explicar a los más pequeños el significado de una tradición que se transmite de generación en generación.
Uno de los sitios más representativos es San Andrés Mixquic, en Tláhuac, donde las familias mantuvieron viva la costumbre de adornar las sepulturas y acompañar simbólicamente a sus muertos. La celebración culminó con la tradicional Alumbrada a las 20:00 horas, cuando miles de veladoras iluminaron el cementerio.
Buscan preservar rituales
La creciente popularidad de estas celebraciones también supone un desafío para las comunidades que buscan preservar el carácter íntimo y familiar de sus rituales frente a la llegada masiva de turistas.
Para atender la afluencia, el Gobierno capitalino desplegó 11 mil policías, apoyados por 720 vehículos y ocho ambulancias. Además, el C5 mantuvo vigilancia mediante mil 490 cámaras instaladas en las inmediaciones de 109 panteones.
Más allá de los operativos y las cifras, la visita a los cementerios conserva un significado profundamente familiar. En una ciudad que pocas veces se detiene, el 2 de noviembre ofrece un motivo para regresar a las tumbas, pronunciar los nombres de quienes faltan y recordar que, en México, la muerte no significa necesariamente el olvido.












