Entre hilos de palma y tradición

Su catálogo es amplio: desde pequeños Cristos de apenas dos o tres centímetros, hasta figuras de un metro. El Universal
Su catálogo es amplio: desde pequeños Cristos de apenas dos o tres centímetros, hasta figuras de un metro. El Universal

A lo largo de los años ha vendido sus piezas en diferentes mercados, primero en la Ciudad de México, y recientemente en San Cristóbal Huichochitlán. Concepción Gutiérrez González lleva tres décadas dedicándose a una labor que mezcla fe, paciencia y creatividad, la elaboración de figuras con palma. Aprendió este oficio de su cuñada, hermana de su esposo, y desde entonces lo ha convertido en su modo de vida.

“Yo soy artesana en la artesanía de las palmas”, explica. Su trabajo se centra especialmente en una fecha significativa, el Domingo de Ramos, cuando se recuerda la entrada de Jesucristo a Jerusalén.

Durante 30 años, Concepción vendió su trabajo en el mercado de La Soledad, en la Ciudad de México.

“Ahí nos íbamos de domingo a domingo, ocho días”, cuenta. Ahora lleva tres años con la venta de sus artículos en la plaza del centro de San Cristóbal Huichochitlán, en una zona dedicada al mayoreo.

La palma con la que trabaja la compra a personas del mismo pueblo, aunque desconoce su procedencia exacta.

La producción inicia desde octubre. Depende del tiempo que se le dedique cada día, ya sea entre tres y cinco horas, se pueden hacer desde figuras sencillas hasta representaciones complejas, como el Cristo.

Los precios varían según la figura, un ejemplo es el Cristo, que en estas fechas está en 120 la docena, ya que es mayorista.

Aunque Concepción Gutiérrez ha enseñado a sus hijas y a otras personas de su generación, ve con preocupación el futuro de este arte.

“De la generación de mis hijos para acá, ya no. Yo digo que algún día se va a perder esta tradición. Los jóvenes ya no quieren, ni siquiera saben para qué es”, externó.

Más allá de lo religioso, para ella hacer estas figuras también representa una forma de vida.