El día de ayer, el presidente Enrique Peña Nieto, envió al Congreso de la Unión un informe escrito de su sexto y último año de gobierno, en el que explicó el estado en el que concluye la administración pública federal.
Con el paso de los años, el protocolo del Informe de Gobierno ha evolucionado junto con el contexto social, político, económico y tecnológico del país, desde la presentación personal con asistentes, pasando por los televisados largos y breves, hasta llegar a su difusión por redes sociales.
Este año, en cumplimiento al Artículo 69 constitucional y al seis de la Ley de Planeación, el presidente de la República informará por escrito al Congreso sobre el estado general de la nación, principalmente de las acciones y resultados del Plan Nacional de Desarrollo, y de los programas sectoriales y especiales.
De acuerdo con la reforma al último precepto mencionado, vigente desde el 1 de abril de este año, el Ejecutivo Federal también reportará el cumplimiento de las disposiciones del Artículo dos constitucional en materia de derechos y cultura indígenas.
Hasta antes de 1995, los informes presidenciales eran todo un ritual de estilo monárquico, pues el Ejecutivo Federal se reunía con legisladores, integrantes de su partido y agrupaciones allegadas al gobierno.
Luego, el mandatario hacía un recorrido por las principales avenidas de la capital mexicana mientras saludaba al pueblo; después venía la fotografía con su gabinete y concluía con su salida al balcón presidencial en el Zócalo capitalino para despedirse de la gente que ahí se reunía.
Desde Venustiano Carranza, el primer día de septiembre reunía al Congreso para celebrar sesiones ordinarias y el presidente de la República asistía a la apertura de las mismas para presentar un informe.
Excepto el siete de febrero de 1921, con Álvaro Obregón, durante la apertura de un periodo extraordinario de sesiones; el cinco de febrero de 1930 en la transmisión del poder de Emilio Portes Gil a Pascual Ortiz Rubio, y el primero de noviembre de 1994, cuando Carlos Salinas de Gortari presentó su último reporte. Conforme una nueva fecha de apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el informe presidencial ha sido el primero de septiembre.
Los informes de gobierno eran largas presentaciones de acciones, que lo mismo duraban siete horas 35 minutos, con el presidente Abelardo Rodríguez en 1934, que 60 minutos, en 1995 con Ernesto Zedillo.
En 1981, con la lectura del quinto informe del presidente José López Portillo se inauguró la nueva sede de San Lázaro, donde en 1982 se dio paso a las interpelaciones por parte de los legisladores y los actos de protesta en las afueras del recinto.
Con las reformas al Artículo ocho de la Ley Orgánica del Congreso, en 1994, durante el gobierno de Salinas de Gortari, cada partido pudo presentar su punto de vista, antes de la lectura y en ausencia del titular del Ejecutivo Federal.
A partir de 1995, con el presidente Ernesto Zedillo, se inició la práctica de entregar por escrito su explicación detallada al Poder Legislativo y después dar un mensaje a la nación en un acto por separado.
El 15 de agosto de 2008 se reformó el Artículo 69 constitucional que suprimió la obligación del presidente de asistir a la apertura de sesiones ordinarias del primer periodo del Congreso y llevó a que las Cámaras realizarán el análisis del informe y citarán a comparecer a los secretarios de Estado y otros funcionarios.
En su sexto y último Informe de Gobierno, Enrique Peña Nieto presentará su “reporte” por escrito al Congreso de la Unión y el lunes tres de septiembre dirigirá un mensaje a la nación desde Palacio Nacional.












