El acoso escolar no es un fenómeno aislado en las aulas, ya que es en esos espacios en donde se reproducen conductas y formas de convivencia aprendidas en el hogar, advirtió recientemente la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, hay cuatro pilares básicos en la educación: aprender a ser, aprender a conocer, aprender a hacer y aprender a vivir juntos. El aprovechamiento escolar implica que alumnos y en general, la comunidad escolar, deben practicar la tolerancia para poder llegar a convivir en paz.
En este sentido, la tolerancia es fundamental. Es decir, el respeto, la aceptación y el aprecio de la diversidad de las culturas del mundo, de las formas de expresión y medios de ser humanos. Se fomenta con el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Consiste en la armonía en la diferencia.
No sólo es un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. La tolerancia, virtud que hace posible la paz, y contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz. Así la define el organismo.
Promover en la población de las comunidades escolares la construcción de una convivencia pacífica, proporcionando bases para su sostenibilidad mediante la difusión, promoción y aplicación de medios alternativos de abordaje del conflicto, corresponde también a los docentes.
Pero además, no solo es un asunto de promoción, sino una obligación social y jurídica por parte del personal escolar estar al pendiente de esos entornos. Rebeca Ramírez, madre de Héctor Alejandro Méndez Ramírez, estudiante de 12 años de edad, muerto por bullying el 20 de mayo del año pasado en Ciudad Victoria, Tamaulipas, presentó en su momento una denuncia penal por el asesinato de su vástago, en la que señaló como responsables a los agresores, y a los profesores, como cómplices, indirectamente al personal docente y a la directora, como autores intelectuales, porque tuvieron la oportunidad de intervenir en auxilio y erradicación de esa nefasta práctica, y no lo hicieron.
Hay otros casos que han quedado registrados en los anuarios infames, en los cuales los docentes no han salido bien librados por no frenar estas situaciones que llevan incluso al suicidio a los estudiantes.
Se menciona lo anterior como un aviso y advertencia, pues es el caso de que en estos momentos, este tipo de grave irregularidad se viene registrando en escuelas públicas y privadas de Chiapas, sin que sus responsables y directivos se den por enterados, porque además, no tienen tiempo de atender la solicitud de audiencia de padres de familia que han detectado el problema porque sus hijos se resisten a continar asistiendo a las aulas e incluso han comenzado a hablar de suicidio.
Ojalá el llamado sirva para que todas las autoridades, pues todas son las que están llamadas a intervenir para eliminar este lastre en forma definitiva, intervengan con todo tipo de etrategias para evitar males mayores. También, es necesario que quienes están a cargo de las escuelas estén al pendiente de lo que sucede en el interior, pues para como están las cosas no se descartan denuncias penales por estos hechos.












