Luego de varias semanas de discusión, el Congreso de la Unión aprobó el dictamen con el que se deroga el horario de verano que en México estaba vigente desde 1996, con Ernesto Zedillo en la Presidencia.
En el dictamen se argumentó que el horario de verano estaba relacionado con la alteración del reloj biológico y con ello a múltiples trastornos biológicos psicoemocionales y sociales; por ejemplo, a nivel del sistema nervioso se puede presentar somnolencia, irritabilidad, dificultad en la atención, la concentración y la memoria.
La eliminación del horario de verano en México no aplicará para todo el territorio nacional, ya que se contempla una excepción para los municipios que tienen frontera con Estados Unidos, a fin de no afectar el intercambio comercial.
También se establece la facultad para que los Congresos locales puedan presentar una iniciativa ante el Congreso de la Unión para elegir su propio horario, previa consulta a la población.
La Cámara de Senadores ha puesto fin permanentemente al horario de verano, una medida que se implementó desde 1996 y que consiste en adelantar el reloj el primer domingo de abril y atrasarlo el último domingo de octubre de cada año. De este modo, el país permanece en el horario de invierno, en contraste con otros países como Estados Unidos, que buscan permanecer en horario estival.
Con 59 votos a favor, 25 en contra y 12 abstenciones, los legisladores respaldaron la propuesta enviada por la Cámara de Diputados en septiembre, aunque contempla una excepción para los 33 municipios de la franja fronteriza con Estados Unidos para que conserven el horario de verano a fin de no afectar el intercambio comercial.
Desde el punto de vista energético, la justificación del horario de verano era aprovechar más la luz del sol y así hacer menos uso de luces en casas y edificios, un argumento que no fue suficiente para quienes se abocaron a su derogación. Rocío Abreu Artiñano, presidenta de la Comisión de Energía en el Senado, ha dicho en la maratónica sesión para discutir la permanencia del cambio de horario, que los ahorros energéticos han representado menos del 1 % respecto a las energías que se consumen cada año, con lo que “no ha cumplido con su objetivo, pero sí ha producido impactos negativos en la salud de la población”.
Hasta ahora, no hay datos concluyentes sobre el ahorro de energía. Según el Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (FIDE), en 2018, el último dato disponible antes de que comenzara el gobierno de López Obrador, indica que el ahorro en consumo de energía eléctrica fue de 945 gigavatios, con lo que “se podría abastecer 592.000 casas durante todo un año, o alimentar 8.3 millones de lámparas fluorescentes durante 24 horas por un año entero”, exouso la dependencia.
Quizá el ahorro más importante no sea el económico, sino ambiental. Un estudio del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias indica que en 2006, la aplicación del horario de verano evitó emitir a la atmósfera 1.427 toneladas de bióxido de carbono y se tuvo una reducción en el consumo de combustible para la generación de energía eléctrica de 2.754 millones de barriles de petróleo.












