Evaden universidades a víctimas de acoso sexual

Instituciones de educación superior no han tenido el trato adecuado ante los casos de violencia de género, donde las mujeres se han sentido desprotegidas y sin respaldo para tener justicia contra sus agresores.

Tanya Méndez es profesora de la licenciatura en Antropología, en la Universidad de Guadalajara, y asegura que desde finales de 2012 ha sido víctima de acoso y hostigamiento por parte del director de la carrera, Horacio Hernández Casillas. Después de denunciarlo varias veces ante autoridades universitarias y ver que no pasaba nada, junto con una alumna, decidió denunciar penalmente.

Ven carencias en protocolo de atención a víctimas

Maestros que gozan de prestigio y alumnos de excelencia aparecen entre los agresores sexuales denunciados ante el Centro de Reconocimiento a la Dignidad Humana (CRDH), creado por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores Monterrey (ITESM) para atender los casos de acoso contra alumnas.

Sin embargo, a pesar de contar con este órgano, no cuenta con presupuesto suficiente ni personal necesario para atender e investigar las denuncias, además de que hay una mala aplicación del protocolo que revictimiza a las jóvenes, lo que hace que en muchos casos se desistan, caigan en depresión o hasta intenten el suicidio.

¿Fallas en protocolo?

El protocolo de atención a víctimas, explica Angie, fue activado en noviembre de 2017, a raíz de las denuncias contra Felipe Montes, y se formalizó en enero.

“Lanzamos un sondeo entre alumnas que lo habían utilizado y resultó que no se les ofrece apoyo sicológico, asesoría legal, ni medidas de seguridad específicas”, afirma Angie Maldonado, egresada de Ciencia Política.

“Las autoridades del Tec argumentaron que no hay presupuesto para implementar el protocolo, ni para operar el CRDH, que tiene dos personas para cientos de casos a nivel nacional y el protocolo está enfocado en sancionar al agresor y no en la salud de la víctima”, indica.

Con base en los testimonios de víctimas, explica Nicole, al ser tratadas por una psicóloga del CRDH, las denunciantes no se sienten en confianza porque las revictimizan con preguntas incómodas que las hacen sentir culpables.

“El anonimato no está garantizado y eso es traumático, intimidante para las chicas que deben contar su historia delante de su agresor. Obviamente ya no siguen con el caso; es lo que ha pasado con muchas alumnas”, dice.