Exigen atención y cercanía para las mujeres que sufren

La comunidad cristiana está llamada a ser casa, refugio y un espacio de esperanza para  las mujeres que viven momentos difíciles: Iglesia. Cortesía
La comunidad cristiana está llamada a ser casa, refugio y un espacio de esperanza para las mujeres que viven momentos difíciles: Iglesia. Cortesía

La Iglesia católica reconoció que en México el sufrimiento de la mujer sigue estando presente en la sociedad y sostuvo que acompañar a las mujeres tiene que ser una tarea en conjunto.

“Lo vemos en madres que sacan adelante solas a sus hijos tras el abandono del padre, en mujeres que han vivido la experiencia del aborto y cargan con profundas heridas interiores, en quienes atraviesan un divorcio y se sienten señaladas, en adultas mayores que viven en soledad, en mujeres atrapadas en contextos de violencia o explotación, en mujeres enfermas que enfrentan su padecimiento sin compañía, y en muchas otras realidades que reclaman atención y cercanía”, dijo.

A través de su editorial Desde la Fe, expuso que la realidad que viven las mujeres exige una atención profunda que involucre políticas públicas capaces de protegerlas y acompañarlas.

“La maternidad en soledad, la violencia doméstica, la explotación, la pobreza o el abandono requieren respuestas estructurales que garanticen dignidad, oportunidades y protección”, externó.

“Una sociedad verdaderamente humana no abandona a las mujeres cuando atraviesan momentos de fragilidad”, agregó.

Paralelamente, indicó que la dignidad de la mujer está enraizada en su vocación al amor y que toda forma de desprecio o violencia contra ella constituye una ofensa al plan de Dios.

En ese sentido, afirmó que desde sus inicios la Iglesia ha acompañado de múltiples maneras a la mujer y resaltó que existen casas de apoyo para mujeres, centros de escucha, servicios de orientación espiritual y psicológica, pastoral familiar, obras de caridad, redes comunitarias.

Añadió que la gran mayoría de estas obras se sostienen gracias al compromiso generoso de laicos, sacerdotes, religiosas y voluntarios que, con su servicio cotidiano, hacen visible el rostro materno de la Iglesia.