“Por Félix tenemos todo”, comenta Luz Elvira Carreón, mamá de Félix Ortiz, un joven de 27 años con parálisis cerebral que tiene una maestría en Sistemas Computacionales y fue Premio Nacional de la Juventud.
Sentado frente a un escritorio de cristal, su estación de trabajo, Félix teclea en la computadora, mientras su silla de ruedas descansa a unos metros.
Aunque no puede hablar, el joven utiliza un generador automático de voz que descargó de internet. Tarda un poco en escribir la frase completa, pero luego presiona una tecla y una voz, con acento castellano, expresa sin problema alguno sus ideas.
Félix usa una pantalla acondicionada para expresarse mientras realiza las actividades de su empleo.
Ese sistema de comunicación es una de las razones por las que lo han apodado “Stephen Hawking mexicano”, sobrenombre que impulsó su popularidad.
Para él, la parálisis cerebral nunca ha sido un impedimento. Tiene un empleo en una empresa que elabora software, con sede en la Ciudad de México, y recién compró una casa para su familia.
Félix creó un programa que permite que gente con discapacidad motriz y del habla logre expresarse. Por su trabajo recibió un reconocimiento de mano del Presidente, una roseta de oro y 150 mil pesos.
“A partir de que gané el premio, mi vida dio un giro, me volví más popular en las redes sociales, me invitaron a dar muchas conferencias, pero lo más importante es que conocí gente con los mismos sueños que yo”, dice a través de su computadora.
Gracias a ese incentivo dio el enganche para comprar una casa muy cerca de Cuernavaca, Morelos, y hace sólo un mes su mamá, su padre y su hermana menor, quien también padece parálisis cerebral, se mudaron a su nuevo hogar.
“Es muy dedicado”
La señora Luz Elvira admite que al enterarse de la discapacidad de su hijo, cuando Félix nació, no sabía qué hacer, pero pronto se dio cuenta de que él era capaz de lograr todo lo que se proponía.
La parálisis cerebral ocupa el primer motivo de discapacidad en niños en México. Alrededor del mundo hay un caso por cada 300 nacimientos. Las personas con este padecimiento congénito pueden requerir ayuda para desplazarse o para coordinar los movimientos de las extremidades.
Félix nació en Iguala, Guerrero. Tras pasar un año en una escuela de educación especial, prefirió estudiar en una primaria tradicional, puesto que no tenía problema para leer y escribir, ya que su mamá le enseñó desde que tenía tres años.
“Desde pequeñito es muy dedicado y muy tenaz”, recuerda su mamá.
Al terminar su educación superior en el Tecnológico de Iguala, Félix pensó en cambiar de ciudad para continuar con sus estudios, por lo que le informó a toda su familia sus deseos de irse a Morelos para hacer una maestría en el Centro Nacional de Investigación y Desarrollo Tecnológico (Cenidet).












