Transcurrieron los primeros tres años de la administración del presidente Peña Nieto (EPN), y vale la pena poner sobre la balanza el manejo de las finanzas públicas del Gobierno Federal. ¿Se ha fortalecido la hacienda pública o se ha debilitado? Esta pregunta es de la mayor relevancia en el contexto de la drástica caída de los precios del petróleo y de una inminente alza de las tasas de interés. Las menores cotizaciones del crudo implican menores ingresos, y lo segundo tiene como consecuencia pagar más intereses sobre una deuda pública que ha venido aumentando como porcentaje del PIB desde 2009.
El manejo de las finanzas públicas de estos tres primeros años de gobierno se ha diferenciado del sexenio anterior principalmente por la recaudación de impuestos. En el sexenio anterior se observó una de las expansiones de gasto público, alentadas como parte de una política contra – cíclica para aminorar el efecto de la caída de las exportaciones manufactureras provocadas por la Gran Recesión.
Esa expansión de gasto que se da a partir de 2009 se financió con un incremento en el endeudamiento púbico y uso de los fondos de contingencia que se acumularon por los altos precios del petróleo observados hasta 2008. Lo razonable era que a parir de 2010 el endeudamiento disminuyera. Sin embargo, eso no fue así. Las exportaciones manufactureras se recuperaron; lo mismo ocurrió con el precio del petróleo y la inercia del crecimiento del gasto persistió. De hecho en la administración del presidente Calderón, con el aval del Congreso de la Unión, se prefirió el uso intensivo de los ingresos provenientes de la venta de petróleo y del endeudamiento público para continuar con esa fuerte expansión de gasto público.
En el gobierno de Peña Nieto, hasta 2015, se ha mantenido dicha expansión del gasto público, pero con una diferencia: esta administración aumentó la recaudación tributaria.
El aumento de la recaudación de impuestos se debe a la reforma fiscal que entró en vigor a partir de 2014. Con esa reforma aumentaron las tasas del ISR; se restringieron severamente las deducciones tanto a empresas como a las personas físicas; se igualó la tasa del IVA de 16% en todo el territorio nacional; se eliminó el subsidio a las gasolinas, con lo que la recaudación del IEPS por este concepto se elevó por la caída del precio del petróleo; se impusieron además otros impuestos especiales para disuadir el consumo de alimentos y bebidas que alientan la obesidad.
Todo este paquete de medidas ha permitido que la recaudación de impuestos, sin ingresos petroleros, como proporción del PIB cierre posiblemente alrededor de 12%. Este porcentaje no es sólo uno de los más altos registrados, sino que muestra que es un mayor porcentaje del gasto público el que se paga con impuestos. En 2008, sólo alcanzaron a pagarse con impuestos federales, una vez descontadas las participaciones, 23 centavos de cada peso de gasto programable más costo financiero de la deuda pública. En 2014 ya fueron 31 centavos, y lo más probable es que en 2015 más de 40 centavos de estas erogaciones se cubran con impuestos federales que pagamos los mexicanos.
El aumento de la recaudación de impuestos ha permitido también reducir marginalmente el apalancamiento. En 2012, para amortizar toda la deuda del gobierno federal, se requería destinar toda la recaudación impositiva de 4.5 años. Para 2015 ya sólo serán 4 años.
De hecho esta administración va a lograr un récord que duele en el bolsillo de todos los contribuyentes. Por ello no debería sorprender la indignación que se registra en las encuestas. Los contribuyentes estamos pagando con sacrificio de consumo y ahorro una mayor proporción del gasto público. Es la gran oportunidad que tiene la administración de Peña Nieto para reorientar el gasto público a mejorar los servicios públicos. Es el momento de que el gasto público deje de ser tan intensivo en dádivas y programas tipo Robin Hood para concentrarse en la buena educación pública, seguridad pública, salud y acceso a la justicia.
Que ahora paguemos más impuestos debe tener una consecuencia: tolerancia cero a la corrupción.












