En medio de la crisis por los abusos sexuales contra menores en Estados Unidos, el papa Francisco aceptó la renuncia del arzobispo de Washington, Donald Wuerl, cuestionado por la forma en que ha manejado denuncias contra sacerdotes.
En un breve comunicado, la sala de prensa de la sede de la Iglesia católica anunció la noticia pero no comunicó el nombramiento de un sucesor, como suele ocurrir.
En rigor, Wuerl había presentado su dimisión obligatoria al puesto casi tres años atrás, cuando alcanzó la edad de jubilación obligatoria de los clérigos, establecida en 75 años por la ley fundamental de la Iglesia católica, el Código de Derecho Canónico.
Wuerl cumplirá 78 años de edad en noviembre, pero en su momento había obtenido una prórroga indefinida de permanencia por parte del papa Francisco.
Polémica
En agosto pasado quedó en el centro de la polémica luego que su nombre apareció numerosas veces en un informe del Gran Jurado de Pensilvania, que sacó a la luz abusos y encubrimientos en varias diócesis de ese Estado cometidos en los últimos 70 años.
Ya su posición había quedado comprometida en julio cuando el papa Francisco -en una determinación con poquísimos precedentes - quitó el cardenalato a Theodore McCarrick, antecesor de Wuerl al frente de la Arquidiócesis de Washington, por denuncias “verosímiles” de abusos sexuales.
El arzobispo de la capital estadounidense desde 2006, nombrado durante el pontificado de Benedicto XVI, es cuestionado por algunas de sus decisiones mientras era obispo de Pittsburgh, a finales de la década de los 1980.
Revelaciones
A finales de agosto, cuando viajó al Vaticano para reunirse con el papa, manifestó públicamente su deseo de “discernir cuál es la mejor decisión a tomar, mientras afrontamos nuevas revelaciones sobre la extensión el horror de los abusos clericales contra menores y de los fracasos de los obispos al vigilar”.
Si bien Wuerl fue señalado por determinaciones equivocadas en cierto periodo de su episcopado, el reporte del Gran Jurado también le reconoce un cambio de actitud, con determinaciones que para la época eran avanzadas como la de integrar una oficina de revisión de casos de abuso en esa diócesis, en 1989.
Tras un diálogo con los sacerdotes de Washington, divididos entre quienes lo apoyan y quienes le pidieron se retire, el cardenal anunció (el 11 de septiembre) que volvería a Roma y le pediría al pontífice que le aceptase su renuncia.











