Pocos días antes de viajar a dos países africanos, el papa Francisco dio una extensa entrevista periodística que produjo, como es habitual, un conjunto de emociones confrontadas.
El tramo de la entrevista que más emocionó a la prensa fue cuando analizó la cuestión de la homosexualidad, explicó que este tipo de comportamiento era “un pecado, pero no un crimen”. Llamó a la cordura a los obispos que han lanzado descalificaciones y condenas a los miembros de la Comunidad LGTTTBQ a retractarse y establecer una pastoral adecuada.
Es importante recordar que el Nuevo Catecismo de 1992 redactado con la dirección de Ratzinger condenó la homosexualidad como un “comportamiento desordenado”, a lo cual los colectivos LGTTTBQ le respondieron que la Iglesia protegía a los pederastas que eran unos delincuentes. Probablemente a esto se refería Francisco, cuando deslindaba a los homosexuales del crimen y lo señalaba como un pecado.
Por su parte los colectivos LGTTTBQ criticaron a Francisco por descalificarlos caracterizando a sus preferencias sexuales como pecaminosas y el sacerdote jesuita James Martin que trabaja con católicos homosexuales envió una carta al Papa pidiéndole que aclarara algunos puntos que generaban dudas. (https://outreach.faith/). La respuesta de Francisco fue en una carta escrita a mano y en castellano, la lengua materna del Papa.
“No es la primera vez que hablo de la homosexualidad y de las personas homosexuales. Y quería aclarar que no es un delito, para recalcar que la criminalización no es ni buena ni justa”. Aclara que cuando dijo “que es un pecado, simplemente me estaba refiriendo a la enseñanza moral católica, que dice que todo acto sexual fuera del matrimonio es un pecado. Debería haber dicho: Es un pecado, como lo es cualquier acto sexual fuera del matrimonio”.
El papa Francisco se convirtió así en el primer pontífice que pide la despenalización de la homosexualidad, un cambio histórico en la protección de estas poblaciones vulnerables y constantemente agredidas por discursos de odio.
En términos conceptuales, aplicó a su análisis del pecado una perspectiva de género, homologando las relaciones entre personas del mismo sexo a cualquier relación sexual fuera del matrimonio.












