El que la Suprema Corte esté analizando en estos días detalles muy específicos como el hecho en que si alguien inasisite a su trabajo tres días consecutivos o discontinuos en un mes puede ser despedido, pareciera ser producto de la ficción. Es que cualquier individuo que no cumple con sus obligaciones indudablemente que enfrentará sanciones o apercibimientos. Sin embargo, en este caso, la lógica debe ser reforzada por la sentencia porque se trata de recursos que ha promovido una parte minoritaria de un gremio que considera estar ajeno a ordenamientos legales o docentes.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación desechó ayer martes, por unanimidad, otros 11 amparos, de los 26 interpuestos por agrupaciones magisteriales sindicalizadas, en contra de la evaluación y la reforma educativa, con lo que suman 14 recursos negados a los quejosos, luego de los tres rechazados con anterioridad.
Durante la sesión, los ministros reiteraron que la Ley General del Servicio Profesional Docente no transgrede la garantía de libertad de trabajo, pues no impide a los profesores dedicarse a lo que decidan, y solo establece como condición de permanencia obtener resultados en las evaluaciones.
La evolución que ha tenido el gremio como tal, la conciencia de su importancia estratégica en el desarrollo del país, pero probablemente el número de quienes intervienen en esa tarea, ha dado un perfil que a su vez es en parte responsable de que en última instancia, se deban estar poniendo los puntos bajo las íes. Es decir, ya se sabía dónde iban los puntos, pero había que ratificarlo en última sentencia.
No siempre fue así. En el México posrevolucionario el país reclutaba un ejército de educadores. Eran miles en las comunidades rurales o en las ciudades. Era un grupo con vocación acrisolada. Su jornada de trabajo la prolongaban en la tarde, y lo hacían con la mayor de las dedicaciones. La voluntad de esos hombres y mujeres de cuyos hechos y vicisitudes ha quedado registro en innumerables escritos de historia y análisis sobre la educación en el país, es una virtud que hasta hoy se recuerda. Que nunca se olvidará.
Es cierto que el gremio debía ver por su intereses. Así comenzó la organización que llevaría a agruparlos en diversas estructuras gremiales sin que eso afectara su desempeño. Transitaron varios caminos hasta llegar a lo que actualmente es el sindicato que los aglutina, sin embargo, en ese tránsito dejaron muchos de ellos de lado su vocación. En la búsqueda de la representación y la defensa de sus legítimos derechos se privilegió la persecución del poder por el poder y el control de los recursos sin la más mínima transparencia sobre su manejo. Sin una aspiración democrática en la eleccón de los dirigentes.
Los más desconcertantes cacicazgos se enraizaron en esa estructura. Es un camino largo el que han recorrido de 1933 a la fecha. Sin embargo, en el futuro se ve un magisterio más consciente de sus obligaciones; de mayor compromiso con la sociedad a la que se debe y debe respetar, no agredir ni bloquear; con una organización sindical transparente, responsable y democrática, no violenta ni agresiva. También, preocupada por el cumplimiento de objetivos previamente trazados por el interés superior de la nación.
En el futuro, una organización gremial que cumple con los objetivos de defensa legítima de los derechos de los trabajadores de la educación, con el mismo pudor que reivindica los derechos de los niños y de la sociedad en general.
Se ve una agrupación que respeta la ley.
Pero hoy se parte del inicio. Por eso una organización de mexicanos ha comenzado por lo primordial, al preguntarse cuántos son los profesores frente a grupo hoy, cuántas escuelas hay en el país.
Se insiste en el tema porque es el caso que hay muchas agrupaciones gremiales que se manifiestan en las ciudades, pero es una parte del gremio citado la que constituye ahora un verdadera preocupación para la sociedad. El otro gremio es el transportista.












