El senador y periodista Alejandro Guillier buscará este domingo, con el respaldo del centro y la izquierda política, llegar a la Presidencia de Chile para continuar con las reformas impulsadas por la actual mandataria Michelle Bachelet.
El profesional de las comunicaciones, que se hizo famoso por conducir noticiarios de televisión, poco a poco comenzó a convencer a los chilenos que es una carta válida para llegar a La Moneda y, lo más importante, derrotar al abanderado derechista Sebastián Piñera.
En la primera vuelta de la elección presidencial celebrada el 19 de noviembre pasado, Guillier obtuvo el 22.7 por ciento de los votos, mientras que Piñera logró el 36.6 por ciento de los sufragios, razón por la cual ambos se enfrentarán hoy domingo en una segunda ronda electoral.
El abanderado de La Fuerza de la Mayoría debió desplegar sus contactos políticos hacia el centro y la izquierda para incrementar su caudal de votos, gracias a lo cual consiguió el respaldo de la Democracia Cristiana y de gran parte del Frente Amplio.
Analistas políticos estimaron que al menos 6.1 millones de personas deberían concurrir a votar este domingo (cifra cercana a la mitad del padrón electoral) y, a mayor cantidad de votantes, mayores serían las posibilidades de triunfo del candidato centro-izquierdista.
De la mano del Partido Radical (PR), aunque sin pertenecer a esa colectividad, Guillier comenzó su carrera política recién en 2013, razón por la cual llama la atención que en tan poco tiempo haya sido visto por los chilenos como una buena carta presidencial.
Con su popularidad en ascenso, el PR lo nominó como su candidato en enero pasado, tras lo cual se sumarían la Izquierda Ciudadana (IC), el Movimiento Amplio Social (MAS), el Partido Socialista (PS), el Partido Por la Democracia (PPD) y el Partido Comunista (PC).
Tras la primera vuelta, Guillier consiguió el apoyo de los excandidatos presidenciales Carolina Goic, Beatriz Sánchez, Marco Enríquez-Ominami y Alejandro Navarro, quienes juntos sumaron un 32.22 por ciento de los votos el 19 de noviembre pasado.
Algunos politólogos aseguran que la negativa del legislador a integrarse a un partido y su pasado, desligado a la política, constituyen una ventaja en estos tiempos, cuando el ejercicio de la misma está desprestigiado, al igual que sus instituciones.











