Como se planteó ayer, se reitera ahora. Es competencia de la actual administración municipal de Tux-tla Gutiérrez integrarse de acuerdo con el criterio y propósitos del presidente municipal Fernando Castellanos Calymayor.
Es un hecho inobjetable que a él corresponde la decisión sobre quién debe integrarse a su equipo de trabajo para sacar adelante la grave responsabilidad que ha buscado contraer con todos y cada uno de los ciudadanos tuxtlecos, quienes se distinguen por estar informados y atentos a su entorno.
Refrendamos, es su responsabilidad porque, además, solo él cargará también con toda la culpa por cualquier exceso o fracaso en las áreas de la Presidencia Municipal. Y el pueblo tiene una memoria que se proyecta muchos años atrás y que perdura tambien años por delante.
Sin embargo, también es un deber y un derecho expresar opiniones sobre el asunto público. Es además una obligación que se juzga urgente, dirigida ya no al presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez, sino a los padres de familia que tienen hijos jóvenes, sobre todo a aquellos que una vez cumplidas sus obligaciones en la escuela, eventualmente salen a pasar un rato en compañía de amigos.
Es un deber advertirles que deberán a partir de ahora, tener cuidado, pues la policía que antes podía pensarse que estaba al servicio de la ciudadanía, podría tener un cambio derivado de la influencia de los mandos actuales, quienes en el pasado se caracterizaron por una conducta violenta, agresiva y abusiva con la ciudadanía.
Es el caso de un joven que ahora es un profesionista que apenas acaba de cumplir 30 años, pero en ese tiempo, hace quince años, era un estudiante. Iba en compañía de otros amigos en un automóvil en la zona poniente de la capital de Chiapas cuando fueron interceptados aparatosamente por una patrulla policial, como si fueran criminales, de la que bajaron malencarados servidores públicos, portando armas que les apuntaron a la cara.
Después de catearlos violentamente y de ver que todos tenían identificación de universidades privadas, y de ver que todos eran miembros de familias conocidas de la ciudad, les pemitieron continuar su camino. Ellos prefirieron regresar a sus domiclios en donde narraron a sus familiares lo acontecido. Es de suponer que lo anterior llenó de rabia a esos padres, quienes sin embargo, algunos por ser priistas muy visibles (considerados entonces enmigos acérrimos por el gobierno de Pablo Salazar), prefirieron no interponer denuncia alguna en contra de la policía.
Además, enterados como estaban, de la impunidad y la prepotencia con la que se conducían los jefes policiales que transitaban como sultanes por la calles, con una caravana de guardaespaldas, era mejor dejar las cosas hasta donde habían quedado.
Lo anterior es solo un ejemplo de lo que podría volver a suceder en Tuxtla Gutiérrez con la admisión de dos altos jefes policiales, Mauricio Gándara Gallardo y Carlos Gallegos Curiel. Uno gustaba llamar «roñosos» a los reporteros, y el otro los sacaba a empujones de los eventos públicos, a punta de pistola. Si así trataban a la prensa, qué podría esperarse que sucediera a los demás ciudadanos.
Todas las bajezas de Pablo Salazar, y perpetradas materialmente por estas personas, aquí siguen estando.
Sin embargo, lo anterior podrán ser anécdotas del pasado, ante lo que viene, porque estos funcionarios no vienen a servir a la ciudadanía. El cargo les dará la posición para poder hacer lo que han hecho, lo que vienen a hacer, es decir, a sacar provecho.
Es solo cuestión de tiempo para que esto explote, pues versiones raras ya han comenzado a rebotar en otras plataformas de comunicación, y habrá de verse en breve, responsabilidad de quién son.
Por ello, los responsablizamos de lo que pudiera ocurrir en el futro contra esta casa editorial y sus colaboradores.












