Hampones

Hampones

Es totalmente cierto que la actual administración municipal de Tuxtla Gutiérrez puede conformarse de acuerdo con el sano criterio y aspiración del presidente municipal Fernando Castellanos Calymayor. Es un hecho incontrovertible que a él compete la decisión sobre quién debe integrarse a su equipo de trabajo para sacar adelante la grave responsabilidad que ha buscado contraer con todos y cada uno de los ciudadanos tuxtlecos, quienes se distinguen por estar informados y atentos a su entorno.

Es su responsabilidad porque, además, él cargará también con toda la culpa por cualquier exceso o fracaso en las áreas de la Presidencia Municipal. Y el pueblo tiene una memoria que se proyecta muchos años atrás y que perdura tambien años por delante.

Sin embargo, es deber ciudadano y derecho constitucional expresar opinión sobre el tema público. Es además una atención que se corre con el interés de evitar problemas adicionales a los que ya tiene, en este caso, la Presidencia Municipal de Tuxtla Gutiérrez.

Se plantea lo anterior porque ha causado cierta sorpresa la irrupción de conocidos exfuncionarios que fungieron durante el lamentable sexenio de Pablo Salazar Mendiguchía. A punta de pistola, con amenazas, con violencia, un gran número de chiapanecos vivieron esos seis años de un gobierno tan corrupto como abusivo y totalitario.

Los funcionarios que rodeaban a Pablo observaban con atención el estilo despótico que gustaba adoptar el falsificador de cédula y título profesional, y ladrón, y lo imitaban. Exactamente el caso de los cuatro citados en una nota informativa publicada por Cuarto Poder el pasado mércoles, y de otros.

De la mayoría.

Todos los que jalaron con él, sabían que era un delincuente, pero les simpatizaba, sentían empatía con el hampón. Porque igualmente, eran hampones.

De Carlos Gallegos Curiel se entresaca el archivo que contiene el incidente en que insultó a una mujer en silla de ruedas, siendo servidor público en Chiapas. Quería extorsionar a una familia en un estacionamiento público, en Tuxtla Gutiérrez, con el argumento de que le habían golpeado su automóvil. Las víctimas llamaron a la prensa, y el entonces funcionario retó a golpes a quienes cumplían con su trabajo.

Un artículo de opinión, como éste, pero en un medio de comunicación del Golfo de México, analiza el trabajo de Gallegos Curiel en la Policía. Está fechado hace tres años, en 2012, y pone en duda la eficacia del entonces mando policial de Coatzacoalcos.

El articulista solicitaba que Gallegos comisionara «un poco» de los policías que formaban parte de su guardia personal para que cuidaran espacios públicos en los que se repetían constantemente asaltos y robos.

Pero Internet está lleno de registros sobre denuncias en que se han visto involucradas esas cuatro personas que recién se han integrado a la adminsitración de la capital de Chiapas, por distintos delitos, robo, inducción a la extorsión, etcétera. Es deplorable, porque se trata de gente que ha probado que no tiene vocación de servicio. Van por el cargo público con otros propósitos que finalmente podrían acarrear graves problemas a la incipiente administración municipal. Son años en los que han mostrado cómo se conducen.

Es cierto. Puede haber falta de memoria o de conocimiento del pasado, sobre todo en las jóvenes generaciones, a las que ahora, cuando las pare la policía en la calle, les pondrán la pistola en la cara. Eso no hará que los respeten; al contrario, desatarán la violencia aquí.

Este grave tema continuará.