Aún no se regresa a la normalidad, pero el fervor es grande y se mantiene. A dos años de que inició la pandemia por covid-19, “ríos” de peregrinos llegan al templo mariano. Lo hacen en bicicleta, a pie, en automóvil o transporte público.
No importan las restricciones sanitarias ni las bajas temperaturas que golpean esta fecha a la capital del país. Tampoco que las autoridades religiosas indicaran que no se podría pernoctar en el atrio de la Basílica de Guadalupe.
Los fieles religiosos se acomodan sobre cartones que colocan en un camellón de la calzada de los Misterios, ya que su misión es festejar los 490 años de la aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en el cerro del Tepeyac.
Poco importa la pandemia causada por el nuevo coronavirus, que sigue mutando.
Desde que amanece, los peregrinos se incorporan a las largas filas de personas que entran a la villita y hacen el recorrido frente a la imagen de la Virgen.











