Tar Heel * AP. A Héctor Pizzaro no le molestaron los rigores, peligros ni el duro trabajo que desempena a diario cuarteando cerdos recién sacrificados, sino la posibilidad de perder su empleo lo que le hizo sumarse a una huelga.
El inmigrante mexicano fue uno de los mil obreros, en su mayor parte hispanos, que realizaron en noviembre una huelga de dos días en la planta de la empresa de alimentos Smithfield Foods Inc. La firma despidió a medio centenar de ellos en una campana contra los inmigrantes ilegales en el mayor matadero de cerdos del mundo.
Smithfield dijo que de 500 a 600 empleados en su planta de Tar Heel tenían números de la Seguridad Social, nombres y otros datos que no podían ser verificados. Unos 50 fueron despedidos y el resto temió que pronto perderían sus empleos por los mismos motivos. Un sindicato acudió a respaldarlos y generó una gran atención sobre la huelga que comenzó el 16 de noviembre. Pizzaro figuró entre los que no pudieron demostrar su permanencia legal en Estados Unidos.
Para solucionar el paro, la empresa acordó reincorporar a los obreros despedidos y dio a sus empleados 60 días para aportar nueva documentación que satisfaga los requisitos gubernamentales.
Los sindicatos han intentado sin éxito durante más de una década al agremiar a los empleados de la planta, por lo que rápidamente respaldaron a los trabajadores hispanos.
Durante anos, el sindicato ha insistido en que las condiciones de trabajo son peligrosas en esa planta.











