Washington * Notimex. La crisis por el derrame de petróleo en el Golfo de México parece estar teniendo sobre el presidente Barack Obama el impacto que sus rivales políticos en el Congreso han buscado con afán desde el inicio de su administración.
El incidente domina el abanico de retos domésticos e internacionales que han puesto nuevamente a prueba la capacidad de respuesta de Obama, para quien las últimas semanas parecen ser las más difíciles y complicadas de su administración.
La emergencia por el derrame, tras la explosión el pasado 20 de abril de la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México, forzó incluso al mandatario a cancelar por segunda ocasión un viaje por Australia, Indonesia y Guam, programado originalmente para marzo pasado.
La decisión pareció responder entre otros cálculos a la necesidad de dejar de lado cualquier semejanza con Katrina, en torno a lo cual la Casa Blanca ha rechazado con vehemencia paralelismo alguno.
Sin embargo, el mandatario y su equipo han errado el cálculo.
En su segunda visita a Louisiana, Obama dio lugar a críticas por limitar sus contactos con funcionarios regionales y no reunirse con los pescadores, el sector más afectado por el derrame.
Durante la última visita se buscó enmendar esa falla pero también responder a la creciente impaciencia sobre la actuación del gobierno, que se ha resistido a asumir el control total de los trabajos para taponar el pozo explotado por la empresa British Petroleum (BP).
Un sondeo de la cadena de noticias CBS dado a conocer el viernes mostró que un 63 por ciento de los estadounidenses creen que el gobierno debería hacer más para responder a la emergencia.
De acuerdo con la misma encuesta, 28 por ciento consideran que la administración Obama está haciendo todo lo que puede.











