Independencia judicial y legitimidad democrática

Independencia judicial y legitimidad democrática

El primer límite frente al autoritarismo es el respeto de los derechos humanos, es decir, aquellos derechos que les corresponden a todos los miembros de la especie humana, ya sea que formen parte de las mayorías o de las minorías políticas. Por ello son la base de la democracia. Son su presupuesto ineludible. Cualquier decisión política se construye sobre ellos. En ningún caso las diferencias justifican oprimir o vejar al prójimo.

Por ello en las democracias a las mayorías no les está permitido a hacer lo que quieran y cuando quieran. Tienen un límite natural y es que no pierdan o pongan en riesgo la humanidad. La historia dice que los regímenes totalitarios surgen cuando se cosifica al prójimo, cuando se bestializan y se les trata como si fueran miembros de una especie distinta. Por definición el verdugo siempre es más poderoso que su víctima, y nunca la reconoce como su igual. Por ello es tan delicado incitar al odio y al resentimiento entre los mexicanos.

Hay que recordar que la democracia es la lucha por el poder por la vía pacífica. Esto solo se garantiza cuando la competencia política se organiza en base a reglas que deban ser respetadas por todos.

No se debe caer en el candor de que esta necesidad de respetar la ley solo es válida en los procesos electorales. La competencia política existe donde el poder surge y donde el poder se ejerce, por ello es que existe la necesidad constante de someter a la autoridad al derecho.

La ley la deciden las mayorías, pero su aplicación y su obediencia necesariamente le debe ser exigida a todos. El legislador debe ponderar la justicia y la necesidad de una ley a partir de colocarse en la necesidad de obedecerla por sí mismo. Cuando manda debe empezar por obedecer. Sin embargo, esto no sucede frecuentemente. El poderoso tiende a ver al poder como una acción que se hace valer frente al otro, de ahí la dificultad de la autocontención (y de la autocrítica).

Sin la independencia judicial no es posible garantizar que el gobierno se someta a la ley. Los jueces intervienen en aquellos casos en que la acción o la omisión de una autoridad son cuestionados. Los jueces deciden el derecho aplicable para resolver controversias en las que se quiere contener o conminar al poder. Por ello su intervención es excepcional, y sus decisiones deben ser acatadas.

En un Estado de derecho las reglas se aplican constantemente sin problema alguno. Para vivir en paz y en armonía la mayoría cumple con las reglas. Se quiere que los tratos se cumplan, y que haya relación con los demás en un contexto de armonía y estabilidad. Asimismo, exigir que la autoridad sea predecible por estar sometida a una ley previamente aprobada mediante un procedimiento legítimo.

Mientras que en democracia la legitimidad de las autoridades políticas ya sean, administrativas o legislativas derivan del voto, la legitimidad de la autoridad judicial surge de su imparcialidad y experiencia para decidir controversias. Esto solo es posible cuando cuenta con la fuerza suficiente para someter al poderoso a la ley. Un poder judicial sometido por la docilidad o la corrupción solo es una farsa que corroe a la democracia y vulnera al más débil. Por ello es que sin independencia judicial a la larga se impone la tiranía.