Cada año son sacrificados unos 70 mil millones de animales para consumo humano, lo que representa diez veces más al número de habitantes del planeta, manifestó Israel Arreola Toiber, director de la organización internacional Animal Naturalis.
Destacó que aun cuando la producción de carne es una de las causas principales de la emanación de gases de efecto invernadero a la atmósfera, las recomendaciones para detener el calentamiento global no incluyen evitar el consumo de ese alimento.
De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más de 98 por ciento de los casos de tortura animal encuentra la raíz en los procesos industriales de los alimentos, abundó.
Es que implican que la vida de ciertas especies transcurra sin ver la luz solar o sin desplegar sus alas o ser reproducidas de manera artificial, alterando su crecimiento y provocando la muerte con hormonas o químicos nocivos, subrayó.
Como parte de la Semana por el Descrecimiento, organizada por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y celebrada en el Pasaje Zócalo-Pino Suárez, el activista de los derechos animales instó a reducir el consumo de carne, leche y huevo que provocan enfermedades crónico-degenerativas que tienen a la población en crisis de salud.











