Recientemente la presidenta Claudia Sheinbaum convocó a un debate sobre el impacto de las redes sociales y el uso de la tecnología digital en las niñas, niños y adolescentes del país.
Es bueno que se realice este debate y se espera que aquello que ninguna otra agenda ha sido capaz de lograr lo hagan posible por las infancias: garantizar sus derechos a una vida con paz y libre de violencias digitales.
No se trata de satanizar la tecnología ni de buscar culpables, sino de tomar decisiones, abriendo el espacio a todas las voces que deben ser escuchadas, empezando por la realidad que hoy se enfrenta.
En ese debate no hay que olvidar la situación de los menores al estar tanto tiempo frente a una pantalla, porque hay quienes desde los 3 meses les ponen una enfrente, hasta el reclutamiento por parte del crimen organizado a través de entornos digitales y por eso es urgente debatir, pero también decidir.
Cada día que pasa sin reglas claras, sin prevención y sin acompañamiento familiar, escolar e institucional, miles de niñas y niños quedan expuestos a riesgos que no siempre pueden comprender, nombrar o denunciar.
Por eso este debate no puede quedarse en una conversación pública. Debe convertirse en una agenda nacional con acciones concretas: prevención, educación digital, protocolos escolares, responsabilidad de las plataformas, acompañamiento a las familias y protección efectiva para niñas, niños y adolescentes.
No se trata de prohibir por prohibir. Se trata de proteger. Se trata de escuchar a quienes ya están gritando auxilio desde las aulas, desde sus hogares y desde las pantallas.
Frente a esta emergencia, se debe decir con claridad: el único camino para enfrentar y prevenir las violencias contra niñas, niños y adolescentes es la educación digital, la unidad de todas y todos quienes tienen una gran responsabilidad con una visión de Estado.
Nadie puede quedarse fuera de este debate, ni tampoco de las decisiones que se tomarán al respecto. Ya son varios los países del mundo que han tomado decisiones para proteger a las nuevas generaciones, que son nativas digitales.
Se hacen votos para que el compromiso de proteger y salvar vidas logre sentarlos en una misma mesa, a fin de que las infancias obtengan lo que ninguna otra agenda ha conseguido hasta ahora, unir. Están listos para empezar.












