El empresario Mauricio Macri asumirá como presidente de Argentina en medio de un inesperado y creciente clima de confrontación que enturbia el largo proceso electoral que se vivió este año en el país sudamericano.
El cambio de gobierno que debería coronar un proceso que fue transparente y democrático se transformó en un episodio vergonzoso que incluyó denuncias y acusaciones cruzadas entre el presidente entrante y la mandataria saliente Cristina Fernández de Kirchner.
La disputa por la ceremonia en la que Fernández de Kirchner debería entregarle a Macri el bastón y la banda presidencial se convirtió en el pretexto para que la transición se tensara de manera innecesaria, ante la incapacidad de ambos de llegar a un acuerdo.
El pleito comenzó con la negativa de Macri de recibir los símbolos del poder en el Congreso, por lo que propuso que Fernández de Kirchner se los diera en una ceremonia alterna en la Casa Rosada, lo que la presidenta no quiso aceptar.
La escalada fue creciendo hasta límites que rozaron una crisis constitucional, ya que la presidenta insistió en que su mandato terminaba el 10 de diciembre a la medianoche, mientras que el macrismo consideró que en realidad concluía 24 horas antes, es decir, a las 23:59 del miércoles 9 de diciembre.
Macri solicitó y obtuvo una “cautelar”, que es una especie de amparo, en el que la jueza María Servini de Cubría le dio la razón y reconoció que su gobierno comienza a las 00:00 horas de mañana jueves.
El problema es que como no puede ser considerado presidente hasta que jure hoy jueves al mediodía ante la Asamblea Legislativa y la presidenta ya no es tal desde la medianoche de ayer, el gobierno quedaba acéfalo durante 12 horas.
La solución fue que el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, es presidente del país a partir de ayer.
De esta manera, Argentina tendrá tres presidentes en solo dos días, lo que nadie esperaba porque después de las elecciones del 22 de noviembre que ganó Macri todo hacía prever que Fernández de Kirchner le entregaría la banda presidencial sin mayores problemas.
En cambio, ahora la presidenta ni siquiera acudirá al Congreso, y además la bancada kirchnerista ya amenazó con la posibilidad de no dar el quórum en la sesión histórica en la que Macri debe comenzar el gobierno de cuatro años para el que fue democráticamente electo.
La reacción de los kirchneristas oscila entre los que sobreactúan y denuncian un “golpe judicial” por parte de Servini de Cubría, y los que lamentan que la presidenta no haya alcanzado un acuerdo con Macri.











