Independencia y soberanía son los dos pilares en los que se basa la libertad de las naciones. Sin embargo, aquellas que alguna vez fueron colonias tuvieron que atravesar, en su mayoría, procesos violentos para tomar por la fuerza lo que se les negó por la vía de la justicia.
La semana pasada, dos parlamentarios estadounidenses, el senador demócrata Robert Menéndez y el congresista republicano Michael McCaul, presidentes de los comités de Asuntos Exteriores de sus respectivas cámaras, emitieron un comunicado en el que expresan su preocupación sobre las modificaciones legales que el Congreso mexicano ha aprobado, conocidas como “Plan B”, y llegaron al grado de asegurar que el futuro de las instituciones democráticas de nuestro país está en riesgo.
En primer lugar, este tipo de acciones, que buscan un rédito político en el contexto de las futuras elecciones en la Unión Americana, no cultivan ni la paz ni la armonía entre ambos países.
En segundo término, la intervención en cuestiones políticas de otras naciones, especialmente cuando proviene de un representante democráticamente electo, puede ser entendida como un intento de intervencionismo.
Finalmente, este tipo de episodios pueden afectar las relaciones en otros ámbitos, como el comercial, en el que hoy México es el principal socio de Estados Unidos.
Por fortuna, el paso del tiempo ha dotado de herramientas para dirimir estas diferencias de manera pacífica. Por eso, el presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, Ricardo Monreal, ente en el que recae la facultad exclusiva de revisar la política exterior y con la capacidad de activar la diplomacia parlamentaria, expresó con respeto su rechazo absoluto a la injerencia de los congresistas estadounidenses en un asunto de carácter nacional.
La reforma electoral aprobada en días recientes y su destino final competen únicamente a las y los mexicanos. La democracia no está en riesgo, al contrario, se sigue perfeccionando momento a momento, tan es así, que ayer se desarrollaron con total respeto y libertad manifestaciones en diversas entidades federativas, incluida la Ciudad de México, por parte de quienes no están de acuerdo con la reforma.
Sirva la ocasión para recordar que ante este tipo de injerencias, independientemente de la postura o filia política, México se debe mantener unido y no abrirle la puerta a ningún tipo de intervencionismo, pues como bien lo señaló George Washington, ese —y ningún otro— es el peor enemigo de la república.












