El papa instó a fortalecer la institución de la familia, una “gran riqueza social” que no puede ser sustituida por otra, y recordó con una anécdota a su madre, durante una misa multitudinaria en el parque Samanes de esta ciudad.
Ante más de 600 mil personas y bajo un intenso sol, que elevó la temperatura hasta los 40 grados, Francisco aseguró que la familia es el “hospital más cercano”, la primera escuela de los niños, el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes, el mejor asilo para los ancianos.
“La familia constituye la gran riqueza social, que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta a los ciudadanos”, sostuvo.
Su reflexión partió del pasaje bíblico de las bodas de Caná, cuando la Virgen María le pidió a Jesús solucionar la falta de vino en un matrimonio, y que su hijo solucionó convirtiendo el agua de unas tinajas en vino. Dijo que el vino es signo de alegría, de amor, de abundancia.
Recordó que una vez le preguntaron a su mamá a cuál de sus cinco hijos amaba más y ella respondió: “como los dedos, si me pinchan este me duele igual que si me pinchan este”. Estableció que cada madre quiere a sus hijos como son y, en una familia, los hermanos se quieren como son, porque “nadie es descartado”.
Más adelante habló del próximo Sínodo de los Obispos dedicado a la familia y advirtió que busca “madurar un verdadero discernimiento espiritual y encontrar soluciones concretas a las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia hoy debe afrontar”.












