Armados con palos, piedras, machetes, herramientas de albañilería y gasolina, pobladores de la comunidad de Santa Cruz Tetela, en el municipio de Tlaltelulco, Tlaxcala, intentaron linchar a un hombre y una mujer acusados de robo y retenidos en una vivienda donde supuestamente resguardaban artículos robados.
Durante el altercado, el hombre señalado como ladrón logró escapar de la turba, pero la mujer no; los enardecidos vecinos la retuvieron, le propinaron una golpiza y después la llevaron a pasear descalza y atada con una cuerda, entre las calles de la comunidad.
“Vecinos, conozcan a la ratera”, exclamaban mientras exhibían a la presunta delincuente sobre la vía pública. “Traigan la gasolina”, “Vamos a quemarlos”.
El intento de linchamiento inició debido a que un vecino reportó que durante la noche del sábado, personas no identificadas entraron a su casa y robaron calentadores solares nuevos, una bicicleta, tanques de gas, una escalera, herramientas de trabajo como palas, zapapicos, y hasta la secadora de cabello de su esposa.
Tras sufrir el robo, solicitó apoyo a los vecinos para dar con los delincuentes a través de su “rastreo” con las cámaras de videovigilancia en diversas viviendas de la localidad. Actuaron como una red de ciudadanos vigilantes.
Los vecinos se dirigieron hacia el domicilio de los supuestos ladrones para recuperar lo robado y exigir justicia, o en su caso hacer justicia por su propia mano.
Localizaron en el exterior a un hombre a bordo de un vehículo, quien estaba acompañado de un niño. Le exigieron que saliera de la unidad, pero debido a que se negaba, entonces lo sacaron por la fuerza; el hombre logró escapar en ese momento.
En tanto, la mujer estaba dentro de la vivienda por lo que no le fue posible huir y fue retenida por decenas de hombres y mujeres que, en ese instante, amenazaban con lincharla.
Los pobladores ataron una cuerda a la mujer y la exhibieron en la vía pública como una ladrona; además, le rociaron gasolina con el objetivo de quemarla viva.
Según el testimonio de los vecinos, confesó que junto con otros cómplices se dedican a robar en el municipio y en otras regiones, y que contaban con tres bodegas en la misma localidad donde resguardaban lo robado.
Finalmente, fue rescatada por un contingente de policías estatales y municipales que se ayudaron del uso de gas lacrimógeno para dispersar a la turba.











