Aunque una parte de la baraja política brasileña le mostró en 2021 al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, los naipes de acelerado desgaste político, pérdida de legitimidad y riesgo de debacle, otra porción le exhibió las cartas de ratificación del poder en una de las más conflictivas fases de su tormentoso cuatrienio que entró este mes a las postrimerías de una contienda con desenlace incierto.
Hostigado por el Poder Legislativo de su país y en roces con la jerarquía católica brasileña y con influyentes sectores del Congreso de Estados Unidos que cuestionaron desde Washington sus actitudes antidemocráticas, Bolsonaro todavía apuesta a derrotar a las cada vez más numerosas fuerzas que juegan con todo tipo de fichas.
“Está debilitado, está en una isla, pero no está solo”, advirtió la politóloga, comunicóloga y académica brasileña, Deysi Cioccari, al narrar que “hace lo que siempre supo hacer: provocar inestabilidad. Brasil, bajo su tutela, demuestra ser un país cada vez menos confiable”.
“Los ataques al Poder Judicial no se pierden en la narrativa hasta el punto de que el presidente afirma que en Brasil hay dos poderes, no tres, el Ejecutivo y el Legislativo. El continuo debilitamiento de sí mismo causa daño a nuestra democracia y al país. Muchos lo subestiman diciendo que es un ‘loco’ que pronto será barrido del Palacio de Planalto (sede del Ejecutivo), pero esto es un error peligroso”, insistió.
Con la sombra de la resurrección política del ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), Bolsonaro se enrumba a los comicios presidenciales de octubre de 2022 con la mezcla de debilidad y fortaleza de un gobierno que deberá concluir en enero de 2023… y con dudas de reelegirse.











