Aquí es La Bocatoma, un lugar de recreo para las familias y una zona donde todas las tardes se ven pateras, lanchas en las que hombres y mujeres buscan ingresar al vecino país sin papeles. Cada día cruzan a Estados Unidos hasta cinco grupos de entre 15 a 20 personas de diversas nacionalidades. No se esconden, porque los agentes de la Patrulla Fronteriza no actúan para detenerlos.
En La Bocatoma está la compuerta binacional que divide al río Bravo (en Reynosa, Tamaulipas) y al canal Anzalduas (en Mission, Texas). Es una de las 36 zonas que la Procuraduría tamaulipeca ubica para el cruce ilegal de indocumentados.
En esta zona, tanto en territorio estadounidense como en el mexicano hay centros recreativos, donde las familias conviven, asan carne, realizan pesca deportiva y actividades acuáticas; en suelo mexicano está La Playita y el zoológico, en el vecino país, el parque Anzalduas.
La Bocatoma o La Playita, ubicada sobre la carretera Reynosa-Miguel Alemán, es uno de los paseos más concurridos. Al lugar también acude gente del Valle de Texas y visitantes de Nuevo León, sobre todo en Semana Santa.
Del lado mexicano, a partir de las 16:00 horas La Playita muda su rostro; las familias se retiran, queda un puñado de pescadores y comienza el movimiento de los traficantes de indocumentados. Primero llegan dos halcones, personas con radio en mano que comienzan a monitorear el lugar. Nos acercamos a dos, quienes con binoculares observan para todos lados; uno conversa con el reportero, mientras el otro vigila celosamente la zona donde varias familias nadan en las aguas del río Bravo.
—¿Qué hace tu compañero?
—Vigilando apa’, tenemos que estar al pendiente que no se nos cruce nadie para el otro lado, sin pagar, y de paso checar que no se ahogue nadie.
Posteriormente, observamos cómo inicia la llegada de todo tipo de vehículos, que trasladan a sus clientes al estilo de “auto sardina”, constató El Universal.
A unos 100 metros de la zona recreativa bajan a los indocumentados, quienes de inmediato se sientan entre la maleza, mientras que los polleros confirman que del lado americano sólo está una patrulla de la Border Patrol.
No los intimida la patrulla. Empiezan a acercar al río Bravo unas improvisadas balsas, fabricadas con madera y cámaras de llanta, acto seguido inicia el cruce a Estados Unidos.
El corresponsal de El Universal observó que en un lapso de dos horas cruzaron cinco veces al lado estadounidense; en cada vuelta llevaban grupos desde 15 hasta 20 personas (mujeres, hombres y menores). Lo hacen a la vista de los pescadores.
Los agentes de la Patrulla Fronteriza platicaban con trabajadores de las compuertas; vieron el cruce de migrantes, lo ignoraron y siguieron con su charla. Pescadores platicaron que esto es cosa de todos los días, que para ellos es algo normal, pero, actualmente —después de la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos— se ve menos cruce de indocumentados.
Confirmaron que el traslado de migrantes en vehículos sobre puentes internacionales decayó por los sistemas nuevos de escaneo que tiene la Unión Americana.
Omar Muñiz, experto en temas de Migración y Violencia del desaparecido Centro de Estudios Fronterizo y Promoción de los Derechos Humanos, aseguró que la Patrulla Fronteriza tiene que dejar pasar a los migrantes sin papeles porque están “arreglados” y para no afectar la economía de los rancheros de Texas.
Dos indocumentados, originarios de Honduras y Guatemala, deportados de Estados Unidos por Reynosa, entrevistados por El Universal indicaron que nada los frenará para cruzar el río Bravo, otra vez, porque sus familias se quedaron en la Unión Americana.












