Esta semana el presidente exigió al secretario de Salud y al director del Insabi que terminarán de resolver el problema del abasto de medicamentos en el país, alegando que no puede dormir si no hay medicinas. Hizo hincapié en la urgencia de resolver este problema para que haya medicamentos gratuitos para todos. En un primer momento se puede pensar que es un gran avance que el presidente reconozca la gravedad del problema de desabasto de medicamentos que se tiene desde el 2019.
Este reconocimiento no es una cuestión de asignar responsabilidades sino de generar los pasos necesarios para realmente terminar con la escasez de medicamentos. Suena bien la exigencia presidencial por resolver el problema, pero esto no ocurrirá hasta que haya certeza y planeación respecto a la compra.
Por eso el primer tema que tendría que quedar claro es quién va a comprar los medicamentos. Después del intento fallido de que la SHCP se encargara de la compra, se pidió a la UNOPS que realizara esta labor. Sin embargo, esto tampoco funcionó y se tuvo que recurrir al Insabi para realizar la compra de medicamentos para 2021 y el primer semestre del 2022.
Esta compra tampoco se llevó a cabo de manera adecuada, puesto que las piezas que compraron estas dos instituciones fueron insuficientes, y actualmente no queda claro si se seguirán utilizando los servicios de esta organización internacional (a la cual ya se le pagó por la compra de todo el sexenio) en la compra para el resto de 2022.
Por otro lado, está el problema de las capacidades actuales del Insabi para realizar la compra. Si hay tanto interés por resolver el problema del abasto de medicamentos, no se explica por qué iniciar la mudanza del Insabi a Acapulco en este momento.
Otra incertidumbre que sigue sin resolverse es el tema de distribución de medicamentos. ¿Se volverá a tener contacto con los distribuidores vetados por el presidente o se seguirá en el intento de contratar la distribución con otras empresas? Suena bien querer romper el monopolio de distribución, pero dada la especialización que se requiere en la infraestructura y en el personal que se encargue de la misma, es muy poco probable que se pueda lograr la distribución de los medicamentos a corto plazo y a un precio accesible, sin recurrir a las distribuidoras especializadas de medicamentos.
Por último, sigue el problema de insistir en comprar en el extranjero medicinas que anteriormente se producían en México. Se dijo que esto provocaría ahorros, pero esto sólo generará más retraso en la producción, distribución y proceso de registro sanitario de estas piezas. Si se desea resolver el tema del desabasto se tendrán que reactivar las cadenas de producción de insumos médicos en México, sobretodo los oncológicos.
Quizá comprar guantes de latex u otros insumos se pueda hacer a mucho mejor precio en otros países, pero el proceso de fabricación de medicamentos es distinto y si se detuvo la compra de estos insumos generados en el país no es por una cuestión de ahorro sino del veto presidencial.












