La inflación médica

La inflación médica

La inflación médica es un asunto grave que mina la capacidad económica de la mayor parte de las familias, impacta la calidad de vida y la productividad de la población, deteriora la calidad de los sistemas de salud públicos y privados, y afecta seriamente las finanzas públicas del país.

Así que la inflación médica —entendida como el incesante e importante incremento en los precios de los insumos de la ‘cadena de la salud’— es no solo un problema económico, sino también del futuro de la salud pública.

La inflación médica crece a tasas muy superiores a las de la inflación general y a los incrementos salariales en buena parte de los países; y México no es la excepción.

Con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en los últimos dos años —de septiembre de 2014 a septiembre de 2016— la inflación al consumidor (INPC) en México fue de 5.6%, mientras que los precios al público en el rubro de la salud se incrementaron 8.9%, tomando en cuenta medicamentos, hospitalización, cirugías, laboratorios clínicos, aparatos médicos y consultas médicas; sin considerar otros rubros, como el de los seguros de gastos médicos.

Sin embargo al interior de la inflación médica hay rubros cuyos incrementos son alarmantes: Los precios de los medicamentos en este periodo se incrementaron 12.9%, más de dos veces la inflación general, mientras que los precios de hospitalización y los de los aparatos médicos (lentes, aparatos para la sordera y ortopédicos) lo hicieron en 7.3%. Solo los precios de los análisis clínicos (laboratorios) subieron 4.3%, un crecimiento menor a la inflación general.

Pero lo preocupante es que el ritmo de crecimiento de la inflación médica en los últimos doce meses no solo no ha cesado, sino que por el contrario se ha acelerado en comparación con la inflación general que fue 2.97%. La del rubro de salud fue 4.8%.

Sin embargo prestaciones médicas, como las pólizas de seguro de gastos médicos mayores se han incrementado fuertemente, entre un 10% y 20% el año pasado, según información directa de las principales compañías aseguradoras del país (por cierto, ni Inegi, ni la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, AMIS, ofrecen información al respecto).

Pero la tendencia al fuerte incremento en los precios de las pólizas de los seguros de gastos médicos es global. En América Latina crecieron 12.7%, mientras que en Europa lo hicieron al 7.7% en 2015, con una inflación de 8.5% en el subcontinente y de 2.4% en el viejo continente; con información de Medical Trends Around The World 2015.

Lo que está provocando este fenómeno de inflación médica es una preocupante erosión del ingreso, empobreciendo a las familias; profundizando la desigualdad en el acceso a la salud y a las nuevas tecnologías de la salud; favoreciendo las tendencias epidemiológicas al alza y a las malas prácticas de salud desde las empresas aseguradoras, hospitales y médicos; incentivando la informalidad laboral dado que encarece los costos empresariales asociados a la salud de los trabajadores; y elevando sustancialmente los presupuestos públicos de salud debilitando las finanzas públicas.

Los nocivos efectos de la inflación médica en los recursos de la familias se agravan cuando el 45% del gasto total en salud proviene del bolsillo de los mexicanos, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE. Un dato que cuestiona a fondo nuestro sistema de salud pública. En un país como el nuestro, la galopante inflación médica es el impuesto que ha puesto en riesgo la salud de los mexicanos.