La Iniciativa Mérida con un sabor amargo

Washington * El Universal. Fue una pequena probada de lo que viene. Si las dos audiencias realizadas esta semana sobre la Iniciativa Mérida son un indicio de lo que viene, los 500 millones de dólares de que consta una asistencia que teóricamente representa el compromiso de Estados Unidos de ayuda a México en 2008 van a tener sabor amargo.

Ciertamente ya se sabe que hay problemas en el país, en gran medida por ilegalidad y falta de observancia de derechos humanos; que la delincuencia parece ganar terreno mientras muchos políticos buscan formas de lograr ventajas para sus propios intereses.

Es un hecho, como dijo el subsecretario de Estado Thomas Shannon, con la propuesta de asistencia se rompe un tabú.

Cierto que muchos demócratas y no pocos republicanos tienen tantos o más deseos de golpear a la Casa Blanca que de ayudar a México y que al mismo tiempo una mayoría sabe que ayudar a México en este caso sería ayudarse a ellos mismos.

Cualquier cosa que reduzca flujo de drogas hacia Estados Unidos los ayuda, aunque no tanto como reducir su voraz apetito por drogas que dicen combatir con guerra hasta ahora inútil.

Pero zhasta qué grado se necesita de supervisión estadounidense? zEs necesario que dos congresos brutalmente partisanos determinen con intereses contradictorios lo que se puede o no se debe hacer?

Si el Congreso mexicano está dominado en alguna medida por facciones y tribus, el Congreso de Estados Unidos trata ahora de hacer sentir su poder sobre un Ejecutivo debilitado, que consideran lo ha ignorado por anos, y eso pone a iniciativa en situación no necesariamente imposible pero sí en la que se multiplicarán ataques y condiciones no sólo por situación mexicana sino por confrontación con gobierno de EU.

Peor aún, hay, además algunos que sienten que es el momento de aprovechar la posibilidad y la necesidad de ayuda para obtener ventajas, sea sobre el país en cuestión para proyectos personales tan generosos o bien intencionados como sean o parezcan o simplemente para subrayar un punto de política doméstica.