La Jungla, “ciudad” campamento de migrantes

La Jungla, “ciudad” campamento de migrantes

La imponente frase “London calling” cubre a medias el grafiti que Banksy, el famoso artista callejero, pintó en la entrada del campo. “London calling” porque en Calais la meta a la que hay que llegar es clara: Inglaterra.

En el campamento no oficial de inmigrantes y refugiados más grande de Europa se ha llegado a la cifra récord de diez mil personas. Y su población aumenta día a día.

La Jungla —como se conoce el campamento, que se ubica en las afueras de Calais, a pocos kilómetros del Canal de la Mancha— es prácticamente una ciudad, con caminos polvorientos rodeados de casas de madera, tela y hierro.

Es tan grande que, para explicarlo mejor, ayuda dividirlo en dos: oeste y este. En el oeste es donde está la entrada principal a La Jungla, y se puede llegar directamente desde la autopista A16. La gran extensión de tiendas de campaña que se ve hasta donde alcanzan los ojos está dominada por una valla de hierro y alambre de púas que va paralela a la carretera.

Aquí la policía hace guardia día y noche, porque últimamente se han repetido los ataques a camiones por parte de traficantes que intentan hacer pasar a los inmigrantes.

El método es siempre el mismo: se lanzan troncos de los árboles en el medio de la carretera para bloquearla. El primer camión que pasa se ve obligado a parar y lo asaltan.

En el oeste de la jungla, además de las maltrechas tiendas de campaña, hay una larga calle con pequeñas tiendas, panaderías y restaurantes. La prefectura amenaza continuamente con desmantelar estas estructuras ilegales, pero las organizaciones que operan en Calais han sido capaces de evitarlo.

Sin embargo, los propietarios, casi todos afganos y eritreos, viven con el constante temor de ver cómo les cierran los negocios.

Los intentos de cruzar la frontera así, sin embargo, ya se han cobrado varias víctimas. Al menos cinco inmigrantes han muerto en los últimos dos meses, atropellados por los camiones bajo los que estaban escondidos. La última víctima, un menor de Afganistán, murió el fin de semana pasado.

En una reciente visita al campamento el ministro del Interior francés, Bernard Cazeneuve, prometió un desmantelamiento por etapas, y prosiguió así la operación que había iniciado el pasado mes de marzo.

Hay algo que dificulta aún más los planes de los inmigrantes: la construcción de un muro, que se acaba de empezar, para evitar que accedan al puerto.

El muro, de un kilómetro de longitud y con cuatro metros de altura, recorrerá la carretera que rodea el puerto de Calais, será financiado por el Reino Unido y tendrá un costo que en pesos sería el equivalente a 60 millones.