El mensaje dirigido a la nación el pasado miércoles por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, tuvo lugar en el marco de un festejo que evoca su toma de protesta hace tres años, en donde oficialmente el pueblo de México y el Gobierno comenzaron a escribir juntos una nueva historia, para dar continuidad a la que con esperanza comenzó hace algunos años.
La lección de la elección, como lo señala Andrés Manuel, es que se debe enfocar en los pobres. Sin dejar de gobernar para todos, para los humildes y para los olvidados. Los más necesitados son la prioridad. Por el bien de todos, primero los pobres, significa combatir la marginación, la discriminación y el racismo, no sólo para alcanzar la justicia social y la igualdad, sino también para no despertar odios, rencores o alimentar resentimientos que impidan a todas y a todos vivir libres de temores y con seguridad; porque la paz es fruto de la justicia.
Lo anterior es un principio de Estado sobre el cual se diseñan las políticas públicas y las leyes, y no un slogan sacado del marketing. Por el bien de todos, primero los pobres, es incluso, una propuesta de corte internacional como se pudo observar en el Consejo de Seguridad de la ONU, al proponer un plan global contra la pobreza para dar una vida digna a 750 millones de personas.
Y es que la brecha de la desigualdad en México y en el mundo resulta intolerable ética y políticamente.
Una propuesta que ya había sido expuesta antes por prestigiados académicos, incluso por algunos premios Nobel de economía; sin embargo, el presidente lo dice de forma sencilla y articular una salida igual, aunque quede clara en los hechos su dificultad, pues durante mucho tiempo los mercados, los intereses y el dinero, han estado por encima de los recursos naturales y de los seres humanos.
Más allá de las cifras y acciones señaladas por López Obrador en su peculiar discurso, queda claro que hay avances, pero también hay claros oscuros, porque hay temas que han sido cuestionados por diversos sectores.
Pero se están a medio camino y la transformación está sucediendo a nivel social, económico, político y personal.
El pueblo, el régimen, las leyes y el sistema económico no son los mismos de hace tres años. El reto de la clase política es conocerlos, entenderlos y respetarlos, y ver hasta dónde llega la 4T.












