América Latina y el Caribe enfrenta importantes desafíos para la seguridad alimentaria de la población. La desaceleración económica, la crisis climática, la pandemia de covid-19, y el reciente conflicto en Ucrania, han producido efectos profundos en los sistemas agroalimentarios y la alimentación.
En 2022 se llegó a los niveles más altos de los precios internacionales de alimentos y actualmente se enfrenta un ciclo inflacionario que afecta principalmente a los sectores más vulnerables que gastan una mayor proporción de sus ingresos en alimentos.
El Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2022 publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otras agencias de Naciones Unidas en enero, pone el foco sobre un tema vinculado a la falta de acceso a la alimentación de millones de familias en el mundo: una alimentación saludable es difícil de obtener y es un factor que amplía la desigualdad de ingreso.
El informe concluye que la región de América Latina registra el costo de la dieta saludable más alto en comparación al resto del mundo. El costo de esta dieta alcanza los 3.89 dólares diarios por día y persona en la región, mientras que el promedio mundial es de 3.54 dólares. En México el costo de una dieta saludable alcanzó 3.29 dólares, casi 62 pesos al tipo de cambio del viernes 27 de enero. En 2019 esta cifra era de 3.07 dólares.
El informe muestra como el aumento de los precios internacionales de alimentos y la inflación alimentaria afecta el acceso económico a alimentos nutritivos.
Si bien en México se han hecho importantes esfuerzos por reducir la subalimentación, todavía se encuentra a 7,8 millones de personas en esta situación y a uno de cada 4 en inseguridad alimentaria moderada o severa.
Con esta información, hoy se sabe de forma precisa que atender todas las formas de mala nutrición en México y crear políticas públicas que atiendan toda la cadena de valor desde la producción hasta el consumo, es de suma relevancia para mejorar la asequibilidad de las dietas saludables y así mejorar la vida de la población. La propuesta es clara: hay que volver a gobernar los sistemas alimentarios poniendo la salud y la nutrición en el centro. No hay alternativa.












