La palabra, la memoria y el tiempo

Cada mexicano, de aquí y de allá, tiene su expectativa respecto a los resultados de la visita oficial de trabajo del presidente López Obrador al presidente Trump en Washington, los días 8 y 9 de julio de este 2020, el año en que vivimos en peligro.

Mexicanos distinguidos, incluso algunos cercanos al presidente, piensan que la visita es francamente innecesaria e inoportuna, y que será contraproducente para los intereses mexicanos, pues sabemos de cierto que Trump manipulará la narrativa. 

Mala señal se envía al realizar el viaje cuando la pandemia del Covid-19 arrasa con vidas al sur y al norte del río Bravo. Las tendencias señalan que en pocas semanas México ocupará el tercer lugar en defunciones, sólo detrás de EU y de Brasil.  

Se sugiere ver el tema desde otro ángulo: ¿cómo ven, qué piensan, qué sienten acerca de la visita a Trump aquellos trabajadores, movimientos sociales y grupos populares que deberían ser aliados naturales del presidente? 

Hay quienes afirman que la fortaleza política del presidente no resulta solamente de sus dotes de comunicador con el México profundo, ni únicamente de su gran capacidad como estratega electoral.  

Su impulso político incansable, dice él mismo, viene de ser fiel a sus principios.

Ahora visita a Trump, sin incluir en su programa encuentros más allá de lo protocolario con las comunidades mexicanas y mexicano-americanas en EU. 

Analistas certeros nos recuerdan: es distinto ser candidato que ser gobernante. ¿Acaso los imperativos del poder y el pragmatismo político han cambiado los principios del presidente?  

Analicemos este tema desde tres perspectivas: la palabra, la memoria y el tiempo.

La palabra: le prometió a los migrantes mexicanos en EU que los consulados serían procuradurías para su defensa ante la política migratoria racista y punitiva del gobierno de Trump. Nuestra embajada y nuestros consulados hacen su trabajo con entrega y dedicación; sin embargo, los recortes presupuestarios han disminuido su capacidad de apoyo a nuestras propias comunidades. 

La memoria: los mexicano-americanos le recuerdan que tras la declaración conjunta de ambos gobiernos en Washington, el 7 de junio de 2019, más de 60,000 solicitantes que buscan asilo por parte de EU, están abandonados en México a merced del crimen organizado.

El tiempo: hace 25 años ofrecimos cumplir los derechos laborales en México; hoy de nuevo prometemos que ahora sí vamos a cumplir. Una vez más ambos gobiernos dejaron fuera los derechos de los jornaleros agrícolas mexicanos en Estados Unidos, reconocidos como trabajadores esenciales, pero sin seguro médico, sin prestaciones, sin protección social. Eso sí, las exigencias a México serán ‘tempranas’ y ‘frecuentes’, nos avisa el propio Representante Comercial Robert Lighthizer.

El T-MEC no es una pócima mágica, ni bastará por sí solo para resolver los problemas del país, nos recuerdan expertos. 

Trump continuará usando a México como piñata electoral. Su mensaje es: más allá del pacto comercial formal, desde su postura de supremacista, en los hechos nos ha expulsado a los mexicanos de la América del Norte blanca que él sueña con restaurar. 

El excanciller Bernardo Sepúlveda señala que los efectos políticos negativos que se producirán en México y en Estados Unidos serán perdurables.  

Los presidentes de México se convierten, tarde o temprano, en el gran solitario de palacio. Sólo ellos conocen los motivos de sus decisiones. 

Recordemos: ¿a cuántos presidentes mexicanos los ha convertido el ejercicio del poder en mejores personas? ¿cuántos han terminado su sexenio contando con el aprecio mayoritario de su pueblo? 

¿Pensará el presidente AMLO que su visita a Trump es consistente con sus propios principios, con su dignidad, y con el respeto debido a su investidura, a México y los mexicanos?