La vela del aprendizaje: Silveyra

"MdeR. * CP. En una ceremonia de graduación en la que el Tecnológico de Monterrey otorgó 165 grados de maestría y 18 grados académicos de doctorado, Don Salvador Silveyra hizo que todo el público que llenaba los salones del Centro Estudiantil del Campus Monterrey se pusiera de pie para aplaudir copiosa y prolongadamente el logro del nuevo doctor.

""¡Se gradúa de doctor a los 84 años!"", comentaban entre el publico. ""¡Qué orgullo para su familia!"", agregaba alguien más. El aplauso cesó cuando el nuevo doctor descendió del escenario, agradeció y pidió con señas al público que regresara la calma.

Al iniciar su discurso, el Profesor David Noel Ramírez Padilla, rector del Tecnológico de Monterrey, dedicó unas palabras al más decano de los graduados: ""Es motivo de gran alegría para la Institución contemplar al ingeniero Juan Salvador Silveyra por su gran capacidad y entrega por lograr esta meta a los 84 años. Es un gran testimonio que nos da a todos de que hasta el último instante de la vida tenemos que seguir creciendo"", dijo provocando una nueva ronda de aplausos de la audiencia.

""Soy un convencido que Dios desde el principio dejó al mundo inconcluso para que cada generación, hasta el último aliento, colaboremos para construir un mejor mundo para las nuevas generaciones y el Ingeniero Silveyra, hoy Doctor, nos ha demostrado que efectivamente nunca es tarde para seguir aportando a este planeta que es nuestra aldea, la casa de todos nosotros"", agregó el rector en la ceremonia celebrada el 23 de mayo.

El Dr. Silveyra reconoce sentirse muy satisfecho. La felicidad y el orgullo que brindan alcanzar la meta anhelada se reflejan en su rostro cuando recuerda los días previos a su disertación doctoral celebrada el pasado 7 de mayo.

La edad ha pasado factura a su cuerpo, pide que se le hable fuerte y despacio, pues tiene un problema de sordera, al que se suman ligeras dificultades para caminar. Pero su amor al conocimiento le dio el valor para enfrentar y dominar las nuevas tecnologías y alcanzar ""una meta más elevada"", una que confiesa, le ha permito no sólo existir, como muchos de sus contemporáneos, sino ""vivir"".

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