La nota informativa publicada este viernes en todos los medios, indica que sujetos hasta ese momento no identificados, habían causado daños en la Unidad Administrativa Municipal, sede actual de la Presidencia Municipal de San Cristóbal de Las Casas.
Ante esos lamentables hechos, el Ayuntamiento ha interpuesto una demanda penal en contra de quienes resulten responsables.
Independientemente de que serán las instancias correspondientes las que deslinden y aclaren esta situación que daña la imagen de toda la ciudad, afuera se observa un conflicto interno en el Ayuntamiento.
Ayer comenzaba a perfilarse la identidad de los autores materiales de los daños en un edificio que recién se ha entregado a la alcaldía, sin embargo se debe aclarar por qué actuaron así.
La ciudad, una de las más turísticas, enfrenta diversos problemas que inciden en su interior, pero que son de origen externo. Es decir, si hay conflictos en la Región Selva, si los hay en la Región Fronteriza, impactan en diversos sectores productivos de Las Casas. Cualquier movilización en los Altos, igualmente la afecta. Pero además, esa comunidad tiene su propia conflictiva derivada de su heterogeneidad y una ostensible disparidad. Existe una presión sobre la tierra, enfrenta retos de tipo ecológico, hay problemas de deforestación y tiene una población que se ha extendido y que crece de tal manera que hoy se encarama en los cerros circundantes.
A pesar de todo lo anterior, la ciudad sigue siendo del agrado de miles de turistas mexicanos y de todo el mundo que prefieren una semana en ese clima, que estar en cualquier otro sitio. No obstante los problemas, los viajeros continúan llegando a San Cristóbal. Los promedios que tiene la ciudad son de casi un millón de visitas al año, con una derrama calculada en más de 2.4 mil millones de pesos. Gracias a esa preferencia, la ocupación hotelera de la ciudad va del sesenta al noventa por ciento.
Aparte están los beneficios que eso representa para el comercio, para los restaurantes, al transporte y en general, para todos los sectores que son alcanzados de una forma o de otra por esta fuente de ingresos.
Por todo lo anterior, y porque la ciudad ya tiene problemas de verdad, es decir, problemas que corresponden a la realidad local y que reclaman atención y solución, no se le debe crear una problemática artificial, derivada de la falta de acuerdos dentro del Ayuntamiento.
La conformación plural de esta instancia debería servir para un sano equilibrio, no para desbordar pasiones. El actual presidente municipal está obligado a buscar acuerdos dentro del Cabildo y convertirlo en una plataforma de trabajo en beneficio del municipio, no en arena de nuevos conflictos, como si no los hubiera de verdad.
Los señalamientos que hacen regidores muestran elementos preocupantes. Ellos aseguran que los daños son obra de un grupo de choque. Además, mencionan un reglamento, en su opinión, restrictivo. Hay denuncias de agresión a personas de esa colectividad.
El Cabido, por su lado, debe poner de su parte para alcanzar un poco de concordia, la suficiente solo para poder trabajar.
El presidente municipal, por su parte, tiene su propia fotografía. Cuando el Instituto Nacional de Antropología e Historia le aclaró que no podía organizar consultas a la población con el propósito de alterar la fisonomía de la ciudad, con rudeza innecesaria le respondió al atento delegado en Chiapas, que debería “abandonar el escritorio”.
Así no se llega a ningún acuerdo, en nada, ni con nadie.












