En el país, dos millones 562 mil estudiantes de 15 años o más, a lo largo de su trayectoria escolar, han tenido que escuchar que sus compañeros o maestros les digan que las mujeres no deberían estudiar, revela la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2016.
En los últimos 12 meses fueron 288 mil 577 las jóvenes que dijeron haber recibido ese insulto en el ámbito escolar, lo que quiere decir que en todo el país, una vez cada 1.8 minutos un maestro, maestra o compañero de clase le dice a una alumna que las mujeres no deberían estudiar.
Según la encuesta que realizó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 4 millones 469 mil 129 jóvenes en ese rango de edad reportaron que han pasado por incidentes de violencia emocional en el ámbito escolar a lo largo de su vida, que el instituto define como degradación o acoso emocional e intimidación y acecho que sufren por el hecho de ser mujeres.
Dentro de estas categorías se encuentran las ofensas o humillaciones que reciben las mujeres por el hecho de serlo, que han sufrido 1 millón 617 mil alumnas a lo largo de su trayectoria académica.
Dijeron haber sido ignoradas o no haber sido tomadas en cuenta por ser mujeres un millón 375 mil alumnas en toda su vida, mientras que 2 millones 562 mil han escuchado que las mujeres no deberían estudiar. Aunado a eso, un millón 175 mil alumnas dijeron haber sido vigiladas o seguidas al salir de la escuela en algún momento de sus vidas.
Del total de agredidas, 91.3% no denunció ni pidió ayuda porque no se sintieron afectadas (49%), se sintieron avergonzadas (9.8%) o tuvieron miedo (11%), mientras que 9.7% pensó que las iban a culpar o porque “son las costumbres” (10.3%).
Sin cambios
Para Ana Lau Jaiven, investigadora del Departamento de Política y Cultura de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Unidad Xochimilco, los resultados de esta encuesta demuestran que a pesar del trabajo que se ha venido realizando por la igualdad de género, la mentalidad de los mexicanos no ha cambiado. Al igual que los feminicidios, el hecho de que a las mujeres les digan que no deben estudiar, demuestra que en el país no valen “nada”, puesto que se limita su derecho a la educación.












