Los incendios en el Amazonas, las intensas sequías y el derretimiento de los polos han forzado a que cada vez más jóvenes de todo el mundo salgan a las calles a exigir a sus gobiernos acciones contundentes contra el cambio climático.
En México, a pesar de la emergencia global y del llamado de la sociedad a atenderla, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se aferra a los combustibles fósiles como fuente de energía.
Para 2020, el sector ambiental tuvo un recorte de más de mil millones de pesos, y comparado con el de hace cinco años, el presupuesto ha caído en un 56%. Cuando los políticos pierden la brújula o el interés para actuar a favor del planeta, las organizaciones no gubernamentales (ONG) son el as bajo la manga en la lucha contra el calentamiento.
“Las organizaciones ambientalistas necesitamos ser los aceleradores para la transformación del cuidado del planeta. Canalizamos la voz de la sociedad, ayudamos a diseñar las herramientas y a proveer información confiable y científica para que los políticos tomen mejores decisiones”, explicó Jorge Rickards, director de World Wildlife Fund (WWF) México, cuya sociedad participó en la elaboración de la ley de Cambio Climático, aprobada en 2012.
Para Adriana Lobo, directora de World Resources Institute (WRI) México, las ONG juegan un rol importante en el tema climático.
“En WRI aportamos datos, caminos que muestren cómo una transición ecológica es socioeconómicamente viable, aportamos mucha información y análisis. Cuando 99.9% de la ciencia dice que vamos mal, sería de tontos no escuchar”, señaló.
Desde hace 15 años, WRI trabaja por la movilidad sustentable en México.
De la mano del entonces gobierno del DF, World Resources Institute colaboró en la conceptualización y diseño de la primera línea del Metrobús en la capital, que actualmente tiene más de un millón de usuarios al día y que tan solo en 2016 redujo la emisión de 143 mil toneladas de dióxido de carbono.
“Nuestros proyectos pilotos están enfocados a que deriven políticas públicas porque es la manera en que las soluciones pueden escalar y tener el potencial de generar una contribución significativa”, dijo Lobo.
WWF también labora en la generación de políticas públicas, así como con comunidades locales para conservar y restaurar ecosistemas como la Reserva de la Biósfera de la Mariposa Monarca. “Hace 10 años, esta reserva tenía una deforestación anual de 400 hectáreas, a ese ritmo ya no tendríamos bosque”, explicó Rickards.
Con la participación de la población local y un monitoreo forestal, WWF logró desde 2012 eliminar la tala clandestina en el hogar de esta lepidoptera.
Ambos directivos siguen colaborando con las diferentes instancias del gobierno, y a pesar de que la administración está abierta al diálogo, no ha diseñado una estrategia concreta hacia las energías renovables.
“Hacemos un llamado a que retomemos el camino de las energías renovables. Nos preocupa que se vuelva a privilegiar el uso de combustibles fósiles, ¿cuál es el plan del gobierno? Entendemos que el país está en una transición política muy profunda, esperamos que sea positiva; y como cualquier cambio, éste tiene costos, puede ser que ahorita la factura sea la inversión en seguridad energética, pero tendría que ser un paso acotado y sin perder de vista las rutas hacia las renovables porque eso no es sostenible”, señaló el director de WWF.
México emitió 683 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en 2015 y se coloca como el principal emisor en América Latina.
Además, la construcción de la refinería de Dos Bocas y la termoeléctrica van en dirección contraria a los esfuerzos por mitigar el calentamiento del planeta.
“Con la transición que se está dando a nivel global, invertir en combustibles fósiles tiene un riesgo inmenso porque se puede convertir en ‘activos varados’, que no logres recuperar la inversión, pues el mundo se está volcando, de manera definitiva, a las renovables. La apuesta energética del gobierno federal no es la más sustentable”, apuntó Lobo.
La directora añadió que algunos de los programas del presidente aún no tienen bien definido el impacto que tendrán en el medio ambiente.
Por ejemplo, “Sembrando vida”, que tiene como meta plantar árboles frutales y maderables; “si primero se deforesta para después aplicar el programa, es muy difícil determinar si el balance es positivo. WRI puede aportar en traer la ciencia a la mesa, en vez de una opinión, podemos contribuir con indicadores que permitan acciones concretas”, agregó.












