Ley

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El Congreso de Sonora aprobó ayer martes reformas al Código Penal del estado y a la Ley de Protección Animal para tipificar como delito grave el maltrato y crueldad contra estos seres vivos que sienten y sufren. El artículo reformado es el 342 que ahora establece prisión de seis meses a dos años en esos casos.

Quienes conocen del tema, sostienen que el maltrato animal es un factor que predispone a la violencia social y, al mismo tiempo, una consecuencia de ésta. Es parte de la inercia de saña que ha alcanzado a todos como individuos y como sociedad.

Ahora que se observan en el país las más inimaginables expresiones de violencia, aquellas que sólo ven en las regiones más atrasadas del mundo, acciones en ese sentido son más positivas porque llevan consigo un fin de compasión. Como custodios del planeta es responsabilidad humana tratar a todas las especies con amabilidad y consideración.

Se sabe que ellos sienten dolor, sufren y muestran angustia. No se puede comprender completamente sus procesos de pensamiento, pero hay suficiente evidencia que demuestra que los tienen sus sociedades y en su propia forma de vida.

Es un hecho que las personas que tratan con respeto a otros seres humanos, también mostrarán respeto hacia otras especies. Debido a la empatía, las personas preocupadas por los derechos de los animales por lo general se preocupan de igual manera ante al sufrimiento humano.

Pero más allá de cualquier consideración, social, ética, política o de cualquier índole, el trato a estos seres es un asunto de ley que se tiene que observar y respetar. En Chiapas, como es del conocimiento, está vigente la Ley de Protección a la Fauna. La norma contiene ordenamientos específicos en este sentido. Señala claramente la obligación de todos los ciudadanos de inculcar el respeto hacia los animales, condolerse y de actuar para evitar actos de crueldad que, como ya se indicó, degradan a quienes incurren en ellos.

Sin embargo, cada día se atestiguan hechos de crueldad que autodenigran a sus protagonistas.

La Declaración Universal de los Derechos de los Animales, aprobada por la Organización de Naciones Unidas y por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, establece que los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia. Todos tienen derecho al respeto, a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre.

El hombre, como especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a los otros seres o de explotarlos. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales. Ninguno será sometido a malos tratos ni a la crueldad. Si en un caso es necesaria la muerte, debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia.

Es necesario reiterar lo anterior ante recurrentes hechos de maltrato animal en diversos estados del país, casos de despreciable salvajismo, principalmente en regiones en las que ya tienen otros graves problemas de violencia de personas contra personas.

La conducta autodegradante que plantea esto, obliga a reflexionar sobre una pérdida de valores y de sensibilidad que debe atajarse antes de que se vuelva contra todos.