En las imágenes, docenas de personas sonríen, gritan eufóricos y con sus teléfonos celulares, no dejan de grabar ni un solo segundo la escena en la plaza pública del municipio poblano de Acatlán de Osorio: dos hombres son envueltos en llamas mientras sus quejidos se ahogan en medio de la “venganza” colectiva.
Para autoridades y especialistas en psicología social, el comportamiento de la muchedumbre, para mancharse de sangre sin pensar en las consecuencias, es síntoma de un enojo colectivo por la falta de justicia y una crisis de autoridad.
Puebla es una de las entidades que lidera los casos de personas asesinadas, a manos de habitantes enardecidos (en el presente año suma 15 casos), quienes de “justicieros” pasan a engrosar las listas de asesinos.
“Por tanto enojo pierden la conciencia y el bien común”, explica la doctora en psicología de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (Upaep), Dulce María Pérez Torres.
Afirma que la crisis de autoridad deriva en que las personas afecten su moral y tomen decisiones como los linchamientos, que ahora se transmiten en vivo hasta por redes sociales.
El campesino Alberto Flores Morales, de 53 años, y su sobrino Ricardo Flores Rodríguez, de 22, fueron señalados de “robachicos” en la comunidad de San Vicente Boquerón y asesinados horas más tarde en la cabecera municipal. Eran inocentes.
En tres décadas, grupos de poblanos han hecho justicia por propia mano de manera cada vez más recurrente, sin importar que muchas de las víctimas hayan sido inocentes.
La violencia, remarca, se da en grupos organizados que al momento de actuar pierden la conciencia del bien común sobre las acciones que ejercen, en determinadas zonas de Puebla.
En el presente año se han registrado 146 intentos de linchamiento en diversos municipios del estado de Puebla, según informes de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) y de la Secretaría General de Gobierno.
Gracias a los protocolos de seguridad implementados por el gobierno del Estado, 203 personas fueron salvadas de morir en manos de la muchedumbre, esa misma que logró matar a golpes y quemados a 15.
Las investigaciones posteriores descubrieron que en 40% de los 146 casos de intentos de linchamientos jamás se comprobó que las personas, en manos de la muchedumbre, hubieran cometido algún delito.
Pérez Torres explica que una vez desbordadas las pasiones de quienes participan en linchamientos, también lo aplauden, pues es una forma de sacar el malestar social que tienen hacia las autoridades.
Por eso calificó como urgente una reeducación social para concientizar a los ciudadanos sobre las desventajas de tomar justicia por propia mano en las comunidades caracterizadas por usos y costumbres.
Culpa al sistema de justicia
El titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Puebla, Jesús Morales Rodríguez, opinó que la mayoría de los linchamientos tienen su origen a la impunidad que genera el nuevo sistema de justicia.
“No es posible que entren delincuentes a la cárcel y a las pocas horas, días, meses salgan, eso provoca el enojo de la gente, genera la frustración y deriva en estas conductas sociales, deriva en homicidios”.
En entrevista con EL UNIVERSAL, aseguró que si no existe una revisión a fondo del sistema de justicia, difícilmente se dará la certidumbre a los ciudadanos que las autoridades cumplen con su obligación para encarcelar a quienes cometen un delito.












