El Tren Maya será la obra insignia de la Cuarta Transformación de Andrés Manuel López Obrador y está obligado a aplicar los principios de transparencia y rendición de cuentas, y atacar con decisión vicios en la asignación de contratos.
Ha dicho el presidente electo que llevará a consulta el proyecto del tren que correrá en territorios de Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Chiapas y Tabasco.
Es obvio que obtendrá “luz verde” para la obra que pasará por tierras ejidales, comunales y de pequeña propiedad, y tiene la responsabilidad de respetar derechos agrarios. Es la oportunidad de dar ejemplo de que es posible evitar negocios de unos cuantos en una obra de infraestructura.
Hay que recordar que el aeropuerto de Texcoco, anunciado por Vicente Fox, en 2001, se frustró por la oposición de ejidatarios de San Salvador Atenco y en la raíz del problema hubo transgresiones de tipo agrario, por un avalúo bajo que no aceptaron los campesinos.
Andrés Manuel López Obrador tiene la oportunidad de respetar los derechos de campesinos e indígenas en la ruta de mil 525 kilómetros, que tiene tramos de alta plusvalía por su potencial turístico, como la Riviera Maya, aunque la mayor parte de las vías serán tendidas en terrenos de alto valor. La historia es aleccionadora: Pasar sobre los derechos agrarios de los dueños de la tierra, como en Atenco, es la tumba de los buenos proyectos. López Obrador tiene la oportunidad de hacer bien las cosas.












